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Diócesis
de Lomas de Zamora - Buenos Aires - Argentina
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Los diez mandamientos de la Sanación
Extraído del Libro "Manual del Laico para el Ministerio de
Sanación" del autor Rev. Robert De Grandis S.S.J.
Yo soy la vid, ustedes las ramas. Si alguien permanece en mí,
y yo en él, produce mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer
nada" (Jn. 15:5).
Se dice que San Francisco Javier enseñó a los niños en India a
orar y sanar a los enfermos. Después de haber sido sanados,
eran traídos ante él y éste les explicaba lo que había
ocurrido. Se dice también que Vicente Ferrer, el domínico,
resucitó más gente de la tumba que Jesús. Estas personas no
fueron más perfectas de lo que somos nosotros y todos estamos
habilitados por el mismo Espíritu Santo que reside dentro de
cada uno de nosotros. Se supone que podemos hacer obras más
grandes que Jesús, "...pero les digo: el que cree en mí hará
las mismas cosas que yo hago y aún hará cosas mayores" (Jn.
14:12).
Las siguientes son unas guías que a veces denomino
"mandamientos". Pueden ser de utilidad en tus esfuerzos de
orar por la sanación de las demás.
1. Cree que Dios, por lo general, quiere que todos los
hombres estén sanos, saludables, íntegros en cuerpo, mente y
espíritu.
"Cuando Jesús bajó del monte, lo siguió mucha gente. Un
leproso vino a arrodillarse delante de él y le dijo: Señor, si
quieres, tú puedes limpiarme. Jesús alargó la mano, lo tocó y
le dijo: ¡Lo quiero, queda limpio! (Mt. 8:1-3). En este pasaje
bíblico tomado de la Biblia de Jerusalén hay admiración al
final de la contestación dada por Jesús. Por un momento,
imagínense el tono de la voz de Jesús diciendo: "Por supuesto,
¿no se fijaron en lo que les estaba diciendo a las personas
allí en el camino? No se fijaron en lo que hice ayer y ahora
me preguntan: ¿Quiero sanarlos? Por supuesto que sí. ¡Sanaos!"
Esta historia, tomada del Evangelio, ilustra convincentemente
el deseo de Jesús de sanar a todo aquel que viniera a El. Está
escrita cuatro veces en los Evangelios: Jesús quería que todo
aquel que viniera a El fuera sanado; Mateo 8:16, Mateo 12:15,
Lucas 4:40, Lucas 6:19. Las mismas obras que Jesús realizó,
las comisionó a sus apóstoles y discípulos. Nunca los envió
únicamente a predicar, todo lo contrario. Siempre dijo:
"Prediquen la Palabra y sanen al enfermo". En mi opinión, la
predicación y la sanación son inseparables.
Jesús dio a sus apóstoles las siguientes instrucciones: No
vayan a tierras extranjeras ni entren en ciudades de los
samaritanos, sino que primero vayan en busca de las ovejas
perdidas del pueblo de Israel. Mientras vayan caminando,
proclamen que el Reino de Dios se ha acercado. Sanen enfermos,
resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Den
gratuitamente, puesto que recibieron gratuitamente" (Mt
10:5-8). Nuestra misión, hoy día, es como fue la de los
apóstoles en su época, convertirnos en seguidores de Jesús.
Como católicos hemos aceptado abiertamente la invitación de
ser testigos de Jesús, hacer sus obras ahora como El las
hubiera hecho, a través del poder del sacramento de la
confirmación. Por lo tanto, ahora que tú empiezas a orar por
los enfermos y a leer el Nuevo Testamento prestando especial
atención a la sanación, puedes preguntarte: ¿Dónde he estado
todos estos años? Los Evangelios claramente expresan lo que
Jesús dijo: "Prediquen el Evangelio y sanen a los enfermos".
En el libro Sanación de Francis MacNutt hay un capítulo sobre
sanación que recomiendo leer a todos. "El mensaje fundamental
de la cristiandad: Jesús salva". MacNutt dice que el mensaje
del Evangelio es que Jesús salva y los domingos cuando el
sacerdote o predicador está en el púlpito, debe predicar
precisamente esto. Este simple mensaje puede ser enseñado,
bien sea por la palabra hablada o dada, o por la comprensión
que la gente derive a través de la sanación. Creo que Jesús
concibió ambas cosas.
Cuando Kathryn Kuhlman vino a Mobile, Alabama en 1975, las
entradas se agotaron. De hecho, hubo mucha gente que se quedó
sin entrar. Por la misma época se presentó también en Mobile
otro evangelista, un excelente orador y quien contaba con una
enorme campaña publicitaria, pero que no contó con la cantidad
de público que fue a escuchar a Kathryn Kuhlman. El único
método que utilizó fue el de la predicación mientran que
Kathryn usó la predicación y la sanación. Siempre que se han
utilizado la predicación y la sanación, los ofrecimientos de
Jesús, los auditorios donde se han llevado a cabo las
presentaciones no han tenido la capacidad suficiente para
albergar a toda la gente que ha querido acudir. Esto ha
ocurrido en muchas ocasiones.
En mi propio ministerio tuve la misma experiencia
recientemente cuando estaba en unos retiros espirituales en
Brasil con sacerdotes, religiosas y laicos. La noticia de que
se estaban llevando a cabo unos retiros espirituales de
sanación se esparció por todos los vecindarios. Las puertas
del lugar donde se desarrollaban los retiros fueron colmadas
por personas provenientes de toda la región que querían
asistir. ¿Por qué? Porque hay una atracción natural hacia la
sanación. Esta atracción fue evidente también en la época de
Jesús, cuando leemos que era seguido por multitudes. Todos
necesitamos sanación, de una forma o de otra, porque seguimos
siendo personas con necesidades.
Algunos teólogos afirman que el Señor no sana a la gente
enferma de hoy porque esto era solamente para las personas del
siglo primero. Sin embargo, en estas épocas modernas podemos
ver claramente como la gente común y corriente tiene, en
cierto sentido, un entendimiento más profundo del Señor, y
visitan santuarios para hallar sanación, o siguen a
predicadores, o acuden a la última aparición de Nuestra
Santísima Madre para ser sanados. Personalmente, no tengo nada
en contra de tomar un avión para ir a Lourdes, claro que el
ochenta por ciento de los cristianos hoy en día no puede
costearse este lujo, y la cristiandad no es sólo ese veinte
por ciento que puede saltar a un avión e ir a santuarios o a
lugares santos. La cristiandad está siempre a disposición de
todos los hombres sin importar su raza, y el poder de sanación
de Jesucristo está donde haya un cristiano, donde haya una
apertura al poder sanador del Señor Jesucristo.
Mi método total de sanación se basa en la idea de que la
sanación es "una respuesta a la oración", opinión que ha sido
objetada por algunas personas. Otros la ubican en la
comunidad. Esto está bien ya que queremos darle importancia a
la comunidad. Si podemos creer en el amor que el Señor nos
tiene, entonces, El va a actuar a través de nosotros, que
somos sus instrumentos, para darnos la respuesta a nuestra
oración. Yo creo que Jesús, por lo general, quiere que todos
los hombres sean sanados, porque El prometió darnos signos. "Y
estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre(...)
pondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán (Mc
16:17-18). Este relato bíblico refleja la actitud de Jesús
sobre la sanación, fue resaltado, utilizado y vivido entre los
primeros cristianos y cuyo poder nos fue dado a nosotros por
el Evangelio según San Marcos.
En cada sanación existen cuatro factores: la persona que ora,
la persona por la que se ora, la oración que se dice y la fe
de la comunidad. Mencionaré aquí brevemente el cuarto factor.
¿Cuánta fe tenemos dentro de la comunidad católica para
alcanzar la sanación? Hago siempre énfasis en la fe de la
comunidad porque la experiencia me ha mostrado lo importante
que es. Por ejemplo, estando en Birmingham, Alabama, una mujer
que había pertenecido a la iglesia pentecostal antes de ser
católica, me dijo un día algo con respecto a sus experiencias
de sanación: "Padre, cada vez que nos enfermábamos, como
miembros de la Iglesia pentecostal, acudían los ancianos y el
ministro, nos ungían y nos sanaban en cada oportunidad. Nunca
supe lo que era ir a donde el doctor. Hacíamos lo que la
Biblia indica: El que esté enfermo, que llame a los
presbíteros de la Iglesia para que rueguen por él, ungiéndolo
con aceite en el Nombre del Señor (Stgo. 5:14).
Esta mujer me hizo reflexionar sobre la fe de la comunidad que
oró por ella. Concluí lo siguiente: Empezamos a orar por
sanación y no nos sorprendamos si nuestras oraciones son
contestadas. La comunidad entera, a diario, crece en
afirmación y experiencia a medida que extiende la mano y ora
por la sanación de los enfermos. La experiencia es
supremamente importante ya que la mayoría de nosotros duda
como Santo Tomás, y necesitamos ver la sanación para creer. Es
triste decirlo, pero no espero que la mayoría de los católicos
crean en la sanación sino hasta que la vean debido a la fuerte
resistencia que tienen. Ellos la buscan en santuarios, lugares
santos, y rezando novenas.
Una de las mejores experiencias de fe en mi vida ha sido la
cruzada de Kathryn Kuhlman, en la que fui testigo de 100
sanaciones en Pittsburg. Mi experiencia personal hizo crecer
mi fe. Algunas personas están haciendo un seguimiento a estas
cruzadas de sanación argumentando que la gente no es en
realidad sanada, sino solo aparentemente. A mi modo de ver lo
que pasa es que cuando las personas salen de las sesiones de
sanación, la fe y el amor retornan a sus comunidades negativas
en donde no hay amor, paz o alegría, sino solo rabia,
frustración y culpa. Estos últimos síntomas empiezan a aflorar
de nuevo y los que habían sanado se enferman de nuevo porque
el ambiente donde viven no cambia.
En la cátedra de "oración de sanación", llevada a cabo en
Mobile, Alabama, la gente entraba a la cafetería donde se
estaban dando las clases, y los que tenían un dolor físico
dejaban de sentirlo. Podían sentarse por dos horas en la clase
sin experimentar ningún tipo de dolor, sintiéndose
maravillosamente, pero cuando abandonaban la cafetería, el
dolor regresaba. ¿Por qué? La fe de la comunidad es muy
importante en toda el área de sanación y ciertamente uno de
los factores primordiales.
"Señor Jesús, sé que deseas que todos te amemos en forma
completa y que estemos totalmente bien para que podamos orar y
alabar. Permite que el Espíritu Santo se manifieste hoy y que
nos enseñe la verdad de que Tú realmente nos quieres
saludables en cuerpo, mente y espíritu. Aumenta hoy nuestra fe
como comunidad para creer en tu amor sanador".
2. Recibe los sacramentos tan frecuentemente como te sea
posible para lograr la sanación.
Nuestro Señor Jesús dio su vida por los hombres de todas las
épocas. Para continuar con su trabajo de redención y de
santificación a través de los tiempos, dio a la Iglesia los
siete sacramentos con el fin de moldearnos, llenarnos, usarnos
y fundirnos. Básicamente, gracias a los sacramentos, el hombre
se sana.
El teólogo Donald Gelpi S.J., escribió lo siguiente en su
libro La piedad pentecostal: "Pero los católicos no pueden
redescubrir el propósito de estos sacramentos de manera
significativa a menos que estén plenamente convencidos de que
estos poseen un don efectivo de sanación. Esto, simplemente,
significa que no podemos desechar o desdeñar más la sanación
por la fe practicada por muchos de nuestros hermanos no
católicos".
Por el contrario, debemos entender su verdadero significado y
lugar en la vida de cada comunidad cristiana. Debemos también
contemplar el ministerio sacramental de la sanación como una
parte integrante de las vocaciones sacerdotales. Y debemos
llegar a un entendimiento teológico sólido de la relación
entre un ministerio sacramental y un ministerio caristmático
de la sanación.
Como católicos, el centro de nuestra vida espiritual es la
misa, la Eucaristía. Durante la celebración de la misa
encontramos oraciones maravillosas para curar la mente, el
cuerpo y el espíritu. En la plegaria del Padre Nuestro
encontramos una súplica: "Líbranos de todo mal". Ya que el
hombre es un todo -cuerpo, mente y espíritu- no susceptible de
separación, entiendo que ésta es una solicitud de protección
contra el mal físico, psicológico y espiritual.
En la oración que el sacerdote dice a la congregación: "La paz
del Señor esté siempre con vosotros", Cristo está presente en
su gente. Esto significa repetidamente la paz total del
hombre: cuerpo, mente y espíritu. Si alguien tiene un dolor
intenso durante la Eucaristía, es dificil entender cómo puede
estar en paz y permanecer dispuesto a recibir lo que Jesús le
está ofreciendo. La paz es armonía de mente, cuerpo y espíritu
que se traduce en tranquilidad. Ciertamente, las personas que
se aproximaron a Jesús para ser curados sintieron esta paz
dentro de ellas, y las experiencias de los que hoy se
encuentran en el ministerio de la sanación tienden a estar de
acuerdo con que la sanación le brinda al hombre una sensación
de paz no conocida anteriormente. Por consiguiente, la misa es
la oportunidad perfecta y natural de acercarse al Señor si se
está sufriendo de falta de arreglo interior y se busca la paz
del Señor.
La segunda oración antes de la comunión: "Señor Jesucristo,
con fe en tu amor y en tu misericordia, como de tu cuerpo y
bebo de tu sangre, no me condenes sino dame salud en mente y
cuerpo", es una referencia directa a la sanación sin
requisitos. Los sacerdotes harían bien en llamar la atención
de los fieles. Ciertamente se ayudaría a muchas más personas
si llegaran a la Eucaristía con la gran convicción de fe que
el Señor Jesucristo las sanará. Si no decimos estas oraciones
con un gran convencimiento, perdemos mucho del poder de
sanación que nos brinda la misa.
Todos hemos repetido esta oración antes de la sagrada
comunión: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero
una palabra tuya bastará para sanarme". Pero ¿cuántos han
reflexionado realmente sobre esta súplica? Esta es una
magnífica oportunidad de mostrar al Señor nuestra necesidad de
sanación y de esperar que, así como El se entregó por
nosotros, nos dé un don menor, como es la sanación total del
hombre.
El Reino de Dios está sobre nosotros y en la misa nos damos
cuenta de su presencia en forma muy profunda. Este es el
momento para los frutos del Reino, uno de ellos es la
integridad, la cual debe ser hecha y recibida por el creyente.
Hemos recibido los sacramentos como ayuda para lograr la
sanación, Dios tocando al hombre, el hombre tocando a Dios.
"Extiende la mano y toca a Dios cuando El pasa", como dice la
canción. Esto es lo que ocurre en los sacramentos: Jesús
desciende y nos toca. Recíbelos con la confianza de recibir la
sanación.
"Señor Jesús, tócanos y sánanos hoy. Renueva dentro de cada
uno de nosotros nuestro compromiso de recibir tu amor sanador
que nos es dado en los sacramentos".
3. Ora por el enfermo tantas veces como te sea posible
Aparentemente, entre más oremos con el enfermo, más relajada y
profunda se vuelve la oración. Si éste es el caso, es valioso
orar por él tantas veces como sea posible. Así como existen
barreras a la sanación, el enfermo tiene barreras también y
entre más se ore por él, más receptivo se volverá y más
barreras se removerán, permitiendo que el amor de Dios fluya
libremente.
Generalmente, cuando las familias me traen a sus enfermos, les
digo: "Oren por ellos tres veces al día: en la mañana, al
mediodía y en la noche. Impongan las manos sobre ellos por lo
menos tres veces al día. Oren tantas veces como les sea
posible, especialmente por los enfermos que hay en casa ya que
se consiguen muchas más cosas de las que se creen mediante la
oración". Raras veces oramos demasiado por los enfermos. El
peligro está en que oramos muy poco, no lo contrario. Es
imperativo que nunca dejemos de orar, sin importar que tanto
lo hayamos hecho con nuestros enfermos antes. Jesús es el
modelo que debemos seguir ya que El dedicó mucho tiempo de su
vida a la oración.
Nosotros mismos estamos recibiendo la sanación cuando oramos
por los enfermos. Estamos creciendo en amor, fe y confianza.
Este crecimiento, además de justificar nuestra preocupación
por la sanación de los enfermos, debe justificar una frecuente
oración. Por lo tanto, sea constante y ore por los enfermos
tantas veces como le sea posible.
"Señor Jesús, fortalécenos y haznos alcanzar la fe. Pon tus
manos sobre los enfermos sabiendo que tu deseo de sanación es
más fuerte que el nuestro. Al seguir tu ejemplo, Jesús,
ayúdanos a percibir las necesidades de tu pueblo y a ayudar
con compasión. Gracias, Jesús".
4. Ten confianza en el amor de Jesús para la sanación del
enfermo
Cuando la mayoría de los laicos se ve ante la posibilidad de
orar por otras personas para pedir sanación, se sienten
temerosas porque se creen carentes de la suficiente fe. La fe
personal de la mayoría se vuelve un nudo, incluso la de
aquellas personas que han estado orando durante muchos años
por los enfermos. El Señor sólo nos pide que tengamos fe como
un grano de mostaza. Es aconsejable poner toda nuestra
atención en Jesús, haciendo énfasis en el Señor y no en
nuestra propia fe. Al poner nuestra fe en el amor de Jesús
durante la oración, podemos orar de la siguiente manera:
"Señor, tú amas a esta persona. Yo estoy aquí para canalizar
tu amor y creo y confío en tu amor". Luego, si es posible,
visualice a Jesús allí de pie con sus manos sobre la persona
por la que se está orando; pídale a ella que haga también esta
visualización. La visualización es muy importante en el
ministerio de la sanación porque ayuda a enfocarnos en Jesús y
no en la fe suya o en la de la persona por la que se está
orando.
El don carismático de la sanación, como yo lo entiendo, es una
apertura, una "pasividad" hacia el Señor. No lo puede encender
y apagar. Inclusive si usted se siente como un tubo oxidado,
el amor del Señor puede fluir a través suyo. El agua
cristalina corre por tubos oxidados. Por esto, cuando se les
enseña a los niños a orar, ocurren milagros. Los niños no
tienen los complejos de los adultos. Hace algunos años, un
grupo de misioneros en el Africa tradujo el Evangelio de San
Juan a la lengua nativa del lugar antes de que fueran
expulsados por el gobierno. Al regreso de los misioneros años
más tarde, estos se quedaron atónitos al ver que los enfermos
de las diversas poblaciones estaban sanos. Atribuyeron esto al
hecho de que la gente estaba leyendo el Evangelio de San Juan,
a que creían de todo corazón en lo que leían y a que vivían la
vida cristiana escrita en el Evangelio. Esto dice mucho de
cómo obra la fe en los niños y en las personas simples.:
sencillamente creen. Niños de tres, cuatro, cinco años de edad
han dicho: "Déjame orar por tí" Los niños oran y después
corren a jugar. Poco después la mamá está sorprendida porque
se sanó. En repetidas ocasiones he escuchado esta historia.
Los chicos no han sido educados en teología. El Evangelio de
Jesús siempre ha sido para todos los hombres sin distingos de
raza, y es relativamente fácil de seguir. No es sólo para los
intelectuales o los teólogos, es para todo aquel que esté
abierto a El.
Hoy en día, muchos jóvenes se están adhiriendo a sectas
religiosas orientales, situación que nos preocupa. Para sus
seguidores, el atractivo de estas sectas religiosas parece
radicar en que éstas profesan la garantía de un conocimiento
profundo que conlleva a la felicidad. Puedes ir a la cima de
una montaña y sentarte con un gurú y aprender los secretos de
todos los tiempos, así dicen. Sin embargo, ¿no tiene sentido
que tú tengas el Evangelio de Jesús que enseña a entregarse y
a enlodarse los pies y ayudar al pobre, o te permite
encerrarte en un armario y alcanzar la más alta contemplación?
La cristiandad es, ciertamente, la religión más realista.
Jesús tenía los pies en la tierra aunque pasó noches enteras
orando en las montañas. Ya que profesamos la fe cristiana, sea
en lo más alto de una montaña o en las calles de Calcuta o en
las ciudades donde vivimos, cree en el amor de Jesús
acompañándolo, confía en el amor del Señor para sanar. "No se
turben; ustedes creen en Dios, crean también en mí" (Jn.
14:1).
"Señor Jesús, creemos en tu amor y creemos en tí, pero existen
momentos en que estamos pensando sólo en nosotros. En estos
momentos, cuando nuestra fe se tambalea, ayúdanos a centrar de
nuevo nuestra atención en tí y en tu amor. Quédate con
nosotros, Jesús, dondequiera que estemos, para traernos de
regreso a tu luz sanadora".
5. Pon tus manos sobre la persona cuando sea razonablemente
posible
Existe una comunicación especial cuando tocamos a alguien
con amor. Si no lo crees, pregunta a una joven pareja de
enamorados que van por la calle con las manos entrelazadas y
diles que no es necesario que se tomen de las manos. Ellos te
contestarán: "Usted no sabe lo que se siente". Existe,
definitivamente, una comunicación por el tacto, porque es una
manera no verbal de transmitir amor.
Aquellas personas, en el ministerio de la sanación, que han
orado imponiendo sus manos, pueden dar fe de su poder. Muchos
han sentido calor o alguna otra sensación como vibraciones
cuando lo hacen. Es natural que cuando nos encontramos con
alguien le estrechamos la mano. Ya que el tacto es un gesto
natural de comunicación para transmitir nuestro amor y nuestra
preocupación, grandes cosas parecen ocurrir cuando combinamos
oración e imposición de manos.
El Nuevo Testamento cita muchos ejemplos de imposición de
manos hecha por Jesús y por sus discípulos. Jesús sabía del
valor de la imposición de manos.
"Entonces trajeron a Jesús algunos niños, para que les
impusiera las manos y rezara por ellos" (Mt. 19:13).
"Jesús alargó la mano, lo tocó y le dijo: Lo quiero, quedas
limpio" (Mt. 8:3).
"Había ido Jesús a la casa de Pedro, encontró a la suegra de
éste en cama, con fiebre. Jesús la tomó de la mano y le pasó
la fiebre" (Mt. 8:15).
"Le rogaba: Mi hija está agonizando; ven, pon tus manos sobre
ella para que sane y viva" (Mc 5:23).
"Tomando la mano de la niña, le dijo: Talita Kum, que quiere
decir: Niña, a tí te lo digo: levántate. Y ella se levantó al
instante y empezó a corretear" (Mc. 5:41-42).
"Al verla Jesús, la llamó. Luego le dijo: Mujer, quedas libre
de tu mal. Y le impuso las manos. Y ese mismo momento ella se
enderezó, alabando a Dios" (Lc. 13:12-13).
"Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo:
Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino
por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y
quedes lleno del Espíritu Santo. Al instante fue como si le
cayeran escamas de los ojos y pudo ver (Hechos 9:17).
Nosotros, como discípulos de Jesús, también somos enviados por
El para comunicar su amor a través de la imposición de manos
en la búsqueda de la sanación. "Y estas señales acompañarán a
los que crean: en mi nombre (...) impondrán las manos sobre
los enfermos y los sanarán" (Mc. 16:17).
"Jesús, cuando oramos por otros en tu Nombre te pedimos que
uses nuestras manos como si fueran las tuyas para alcanzar y
tocar a aquellos por quienes oramos. Permite que el Espíritu
Santo actúe a través de nosotros hoy, especialmente cuando
oramos por los miembros de nuestras familias o comunidad.
Gracias Jesús por tu amor sanador que fluye a través de mí en
este momento".
6. Pongamos nuestras vidas en las manos de Jesús
En la medida en que nos entreguemos más a Jesús, El vivirá más
dentro de nosotros y más podrá actuar a través de nosotros.
¿No es acaso esto lo que es la vida cristiana, un total
abandono en las manos del Señor? Nosotros cantamos, "A donde
me lleves te seguiré", y esto es tan cierto como que tenemos
que seguir a Jesús tan cerca y sinceramente como podamos.
Debemos recordar siempre que somos "sanadores divididos". No
existe nadie que sea verdaderamente completo en todos los
sentidos, es decir, en mente, cuerpo y espíritu. Algunos se
excusan: Bien, no puedo orar por los demás porque yo mismo
tengo demasiados problemas... Recuerde que somos sanadores
divididos y cuanto más sirvamos de canal al Espíritu Santo,
más sanación tendremos y más efectiva será nuestra
intermediación.
El don del Espíritu Santo dentro de nosotros parece ser una
apertura continua, de manera que cuando El quiera actuar a
través de nosotros lo pueda hacer. De esto se trata. "Y ahora
no vivo yo, sino que Cristo vive en mí" (Gál. 2:20). Se trata
de estar en total unión con Cristo en su Espíritu Santo. Esta
es la luz de Cristo que brilla a través de nosotros.
Una de las formas en que más podemos ponernos en las manos del
Señor es por medio de la alabanza. Podemos entregarnos más a
Dios si lo alabamos en este momento, sin importar nuestra
situación. Si pierde el camino de regreso a casa una noche
cualquiera, debe orar y alabar a Dios. Si al salir de una
reunión de sanación se da cuenta que su grabadora portátil no
está funcionando, alabe a Dios. La alabanza es una hermosa
forma de espiritualidad porque se mezcla de manera perfecta
con lo que hemos aprendido, que es el don de ser capaces de
vivir en el momento presente.
Debemos recordar siempre que Jesús es el sanador y que "...sin
mí no pueden hacer nada" (Jn. 15:5). Somos únicamente el canal
que El escoge. Su Espíritu actuará con mayor libertad a través
de una oración profunda a la vida, una alabanza y una
constante dependencia de El.
"Jesús, aumenta mi dependencia en tí a medida que mi entrega
se hacer mayor por el poder de la oración y de la alabanza en
mi vida diaria. Me entrego a ti en forma completa y te pido
que tu Espíritu me llene de luz y permita que cada parte de mi
mente sea iluminada. A tí Señor Jesús, el poder y la gloria
por siempre jamás".
7. Perdona a todos los que te han ofendido o herido
La falta de perdón es una de las pocas cosas que son una
verdadera barrera para lograr la sanación. Algunos dirían que
la falta de fe es lo más, pero la experiencia que tengo en mi
propio ministerio me ha demostrado que la falta de perdón es
el obstáculo más común. Muchas, veces, personas de poca fe son
sanadas por la inmensa fe de la comunidad, pero si la persona
por la que se está orando alberga falta de perdón, no se
sanará hasta que haya perdonado del todo. El poder sanador del
Señor Jesucristo no puede penetrar debido a la falta de
perdón. "Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas
de los hombres, también el Padre celestial los perdonará. En
cambio si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el
Padre los perdonará a ustedes" (Mt. 6:14-15).
La gente nunca está segura de haber perdonado. Frecuentemente
me preguntan: ¿cómo se sabe que uno perdonó del todo? Siempre
respondo: Cuando ore por la persona que lo ofendió o hirió,
puede estar absolutamente seguro de que fue perdonado porque
al orar por ella, se está pidiendo al Señor que le brinde a
esta persona bondad y cosas buenas. Amar es desear lo que más
le convenga al otro y hacer lo que razonablemente se puede
para brindarle felicidad y cosas buenas. Las definiciones de
amor y oración en estas circunstancias son paralelas: en la
oración se pide lo que más convenga y en el amor se desea lo
mejor. Por lo tanto, cuando oramos por una persona, nuestra
oración se convierte en manifestación de amor en acción. Lo
repito una vez más, una vez que hayamos orado por alguien
sinceramente, podemos estar seguros de que la hemos perdonado
en un acto de voluntad. ¡El perdón es decisión, no
sentimiento!.
Es la decisión de perdonar la que te libera y te redime, y
esto es todo lo que el Señor te pide.
"Jesús, ayúdame a amar y a orar por aquellos que me han herido
porque conozco tu amor y los perdono incondicionalmente así
como tú me has perdonado. Dejo bajo tu luz sanadora cualquier
resentimiento o falta de perdón que albergue hacia ellos.
Elevo una oración en este momento por la persona que más me
haya ofendido en la vida y te pido que colmes de bendiciones
su vida. Te agradezco el haberme liberado del mal de la falta
de perdón".
8. Ora por quienes te han herido
Cree en las palabras de Jesús, "Pidan y se les dará; busquen y
hallarán; llamen a la puerta y les abrirán" (Mt. 7:7). La
sanación no es otra coas que un ministerio de oración y fe, y
el Señor lo dice claramente en las Escrituras.
Como dije con anterioridad, cuando oramos por una persona se
puede estar razonablemente seguro de que estamos amando y
haciendo lo mejor que podemos. Le pedimos al Señor que le
brinde bienestar en su vida. Si después de haber orado por
alguien todavía sentimos dolor, podemos pedirle al Señor que
sane este sentimiento. Un método para eliminar los
sentimientos negativos es visualizar a la persona en nuestra
mente y verla como Dios la ve. Decimos: "Te perdono y te amo
porque Jesús te ama". Podemos repetir esto cuantas veces sea
necesario y tan despacio como sea posible para permitir que el
amor de Nuestro Señor Jesús se haga presente y sature a esta
persona. Eventualmente, se producirá un verdadero cambio en
nuestros sentimientos y actitudes hacia la persona por quien
estamos orando.
Durante mis clases de oración de sanación en la Diócesis de
Mobile, Alabama, iniciada hace muchos años, la gente me pedía
que continuara después del curso de seis semanas porque apenas
empezaban a entender el Nuevo Testamento bajo una nueva
perspectiva. Sus mentes habían sido iluminadas por medio del
ministerio de la oración de sanación. Esto ocurrió en 1974 y
el curso todavía existe. Había un promedio de 250 personas por
curso; mitad católicos, mitad no católicos. A los tímidos
católicos se les enseñó la oración de sanación y contaron
después como no salían de su asombro al ver las sanaciones que
estaban ocurriendo, en la medida que ampliaban su oración
pidiendo por su familia y otras personas. La sanación ocurrirá
durante la oración porque ésta es la voluntad del Señor
Jesucristo. "La súplica del justo tiene mucho poder..." (Stgo.
5:16). "Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus
enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los
que los maldicen, rueguen por los que los maltratan" (Lc.
6:27-28)
"Jesús, a veces, mes es dificil orar por aquellos que me han
herido o han abusado de mi ya que estoy concentrado en mi
dolor y no en tí ni en el amor que prodigas tanto a mí, como a
ellos. Ayúdame, Jesús, en la ardua lucha que libro en estos
momentos y libera dentro de mí, por el poder de tu Espíritu
Santo, la gracia de orar por ellos como tú lo harías. Gracias
por tu luz y tu amor en este momento".
9. Cree en las palabras de Jesús sin poner atención a lo
que parece estar sucediendo
"Jesús le contestó: En verdad les digo: si tienen realmente fe
y no vacilan, no solamente harán lo que acabo de hacer con la
higuera, sino que dirán a ese cerro: Quítate de ahí y échate
al mar, y así sucederá. Todo lo que pidan con una oración
llena de fe, lo conseguirán". (Mt. 21:21-22) Desde la montaña
estamos haciendo que sucedan cosas. ¿significa esto,
literalmente que debemos mover montañas, o podría significar
mover las montañas de maldad, falta de amor, falta de fe,
ansiedad, miedo, frustración, bronquitis, artritis, pies y
espaldas doloridos? Estas son las montañas de mal que tenemos
en nuestras vidas por las que podemos orar y decir: ¡Deseparezcan
en el Nombre del Señor! ¡Láncense al mar!
Es cierto, el Señor ha prometido honrar las plegarias de los
fieles. Cuando oremos, depositemos toda nuestra confianza en
la Palabra del Señor. Inclusive si aún después de haber orado
no vemos un cambio inmediato, debemos aferrarnos a las
promesas de Cristo. Mientras más nos saturemos con las
palabras de Jesús en las Escrituras, más fe tendremos dentro
de nosotros y más capaces seremos de pedir sanación.
"Jesús, me aferro y confío en tí y en tus palabras como
aparecen en las Escrituras. Que tu amor sanador fluya de mí
hacia los demás así como creo en tu deseo de que todos
disfrutemos de tu vida en abundancia. Te pido que me uses como
instrumento de tu amor sanador, hoy".
10. Alaba y da gracias a Jesús por su amor tantas veces
como te sea posible
Es imperativo que alabemos y demos gracias al Señor por todas
las cosas: por la oración contestada y por la que no. Más
alabemos y demos gracias al Señor, con mayor perfección
pondremos en práctica el primer gran mandamiento: "Amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con
toda tu fuerza..." (Lc. 10:27).
A medida que abrimos nuestros corazones y mentes en alabanza
al Señor, nos estamos abriendo a su poder sanador. La mayoría
de estas personas gasta su vida lamentándose de sus problemas,
dolores y sufrimientos. Están tan absortas en sus dificultades
que éstas se convierten en el centro de su oración cuando este
lugar debe ser ocupado por el Señor. Cuando alabamos y damos
gracias a Dios, hacemos de Jesús el centro de nuestra oración
y nos apartamos de nuestro centro. A medida que apartamos la
vista de nosotros y la volvemos hacia el Señor, El se
manifiesta de manera extraordinaria. Cuando alabamos al Señor,
le estamos dedicando nuestra atención y, olvidándonos de
nosotros, nos volvemos más receptivos a lo que El tiene para
darnos.
Cuando una persona recibe oraciones de sanación, la podemos
invitar a una reunión y pedirle que de gracias y alabe al
Señor por el trabajo que el Espíritu Santo está haciendo
dentro de ella. De esta manera, la persona se apresta a
recibir la sanación que probablemente ya se está llevando a
cabo.
Recomiendo los libros escritos por Merlín Carothers, Campo de
Alabanza, El poder de la Alabanza y Respuestas a la Alabanza,
con el fin de llevar a cabo un excelente estudio sobre la
alabanza en nuestras vidas. Estos libros son lectura
obligatoria para todo cristiano, especialmente para quienes
están en el ministerio de la sanación. Ha sido una herramienta
invaluable en mi propio ministerio.
"Padre celestial, te damos gracias y te alabamos por el
hermoso don que nos has dado en Jesús y por el maravilloso
poder que existe cuando abrimos nuestros corazones en la
oración. Señor, te pido que todos te alabemos y te demos
gracias siempre y en todo lugar. Te pido que te alabemos y te
demos gracias sin importar las circunstancias por las que
estemos pasando, y que tu amor nos llene en abundancia. Que
cuando estemos sufriendo alguna pena o apretando los dientes,
podamos ser capaces de alabarte sabiendo que todas las cosas
funcionan para aquellos que amas. Pido que tu amor sanador
fluya en nosotros y que las áreas difíciles de nuestra
existencia sean sanadas, especialmente la de la autoestima.
Que podamos aprender a amarnos para poder amarte y amar a los
demás.
Te damos gracias y te alabamos, Jesús, por el trabajo que
estás realizando dentro de nosotros en este momento. Amén".
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