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EVANGELIZACIÓN Y SANACION
Hoy más que nunca se siente la necesidad de evangelizar,
ante grandes masas de cristianos que se van retirando de la
iglesia. Nunca como hoy, están surgiendo grandes planes de
pastoral, con mucha profundización teológica y una gran
estructuración. Son maravillosos.
Todo ello es fruto de la reiterada llamada del Papa Juan
Pablo II a una nueva evangelización: nueva en su ardor;
nueva en sus métodos y nueva en su expresión.
Deseamos fijarnos en la tercera, nueva en su expresión, para
ver si realmente la empleamos adecuadamente, ya que las
fórmulas que estamos usando no siempre nos dan los
resultados apetecibles.
El Padre Emiliano Tardif, que evangelizó en 72 países y siempre
ante grandes masas, sabía muy bien del tema y por eso nos
vemos obligados a reproducir sus palabras. ("Jesús es el
Señor" cap. 5).
"
Nueva en su expresión
Para
entender esto debemos mirar fijamente a la persona de Jesús,
el primer y más grande evangelizador, para darnos cuenta
cómo transmitía la Buena Nueva de la salvación.
Jesús
presentaba el Evangelio de una manera muy sencilla. San
Mateo resume maravillosamente la actividad de Jesucristo en
un texto muy hermoso:
Jesús
recorría toda fa Galilea enseñando en sus sinagogas,
proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda
enfermedad y dolencia en el pueblo.
Mt 4,23.
y 9,35.
La
evangelización de Jesús comprendía dos aspectos
fundamentales: el anuncio de la Palabra y la sanación de los
enfermos.
a.-
Anuncio de la Palabra
Hoy en
día algunos piensan que basta el testimonio de vida y que ya
no es necesario proclamar la Palabra. Sin embargo, no ha
existido testimonio de vida más auténtico que el de Jesús, y
Él de todos modos anunciaba la Palabra, recorriendo pueblos
y aldeas.
El número
22 de la Evangelii Nuntiandi afirma que aunque el
testimonio de vida es la primera forma de proclamar la Buena
Nueva, es insuficiente y debe ser acompañado por la Palabra
de vida.
No hay
verdadera evangelización mientras no se anuncie el Nombre,
la doctrina, la vida, las promesas, el Reino y el misterio
de Jesús, Hijo de Dios. El mensaje es la persona de Jesús.
b.-
Curación de enfermos
Jesús
realizaba signos y prodigios que congregaban multitudes, y a
esas turbas les dirigía la Palabra de salvación.
Existen
personas que sostienen que lo importante es proclamar la
Palabra y que los signos milagrosos no son necesarios. Sin
embargo, muchos templos están vacíos porque a la gente no le
basta oír la Palabra; quiere constatar la eficacia de la
misma. Necesita manifestaciones que revelen el triunfo de
Cristo Jesús sobre el pecado, la enfermedad y la muerte.
Cuando
anunciamos la Palabra con signos, se congregan multitudes no
sólo para escuchar, sino ver que se cumple la Palabra de
Jesús, y entonces están más abiertas a responder al mensaje
de salvación con un acto de adhesión a la persona de
Jesucristo como Salvador y Señor.
Cuando
predicamos de esta manera suceden cosas como las relatadas
en El Diario de Asunción, Paraguay, el 22 de abril de
1985, en su artículo titulado: "La fe convocó a más de
40.000 fieles".
"Con un
poder de convocatoria insólito, teniendo en cuenta la no
promoción de la venida del sacerdote carismático canadiense
a nuestro país, se congregaron más de cuarenta mil personas
en el estadio del Club Cerro Porteño.
La
campaña de evangelización de la Renovación Carismática a
través de la predicación del Padre Tardif, significó un gran
espectáculo de fe en Cristo Jesús. El referido local fue
pequeño para la gran cantidad de personas que llegó con
deseos de participar en la ceremonia; mucha gente quedó
afuera. Miles de personas siguieron el acto a través de la
transmisión de televisión.
Puede
decirse con toda honestidad que el Canal 13 batió el récord
en lo que se refiere a estima, según los comentarios
surgidos en la víspera.
En la
actualidad la Iglesia Católica tiene un gran poder de
convocatoria para todos los fieles, ya que sin un gran
despliegue promocional, el país entero estuvo pendiente de
su mensaje y de sus oraciones.
Cabe
señalar, además el auge que va teniendo en la actualidad el
Movimiento de Renovación Carismática Católica en el país y
el mundo. En forma silenciosa va extendiendo su influencia
de manera sorprendente. Este movimiento dentro de la Iglesia
se ocupa de reivindicar el poder de la fe en el mundo
cristiano".
Los
signos acompañan la proclamación del Kerygma, pero nunca
hemos visto signos que acompañen las tesis teológicas, ya
que estas se sostienen con sus argumentos mismos. Ahora, al
volver a predicar el Kerygma vemos estos signos que convocan
tanta gente que crean problemas que deben ser solucionados
con visión del futuro.
Cuando la
Palabra va acompañada de signos, el problema no es cómo
hacer para que la gente venga, sino qué hacer con tantos que
llegan. Es curioso el telegrama que me enviaron el 4 de mayo
de 1986 de Elizabeth, New Jersey, (Estados Unidos), que
decía lo siguiente:
Favor de
no venir a predicar en el evento del 13 al 18 de mayo de
1986. No podemos encontrar un lugar lo suficientemente
grande para toda la gente que desea escuchar la Palabra del
Señor.
Sinceramente. Padre Roberto Trabold.
Las
sanaciones y los milagros no son apéndices secundarios en la
evangelización, ya que a través de ellos se muestra la
eficacia de la Palabra proclamada. Antiguamente se decía que
los milagros eran para probar la veracidad de la doctrina.
Sin embargo, tienen una función todavía más importante:
mostrar actuando al Dios que predicamos. Es la salvación en
acto.
Así pues,
los signos milagrosos y las sanaciones se nos presentan como
una maravillosa oportunidad de manifestar la acción de Dios,
y no sólo hablar de un Dios a quien nadie puede ver ni
constatar su acción.
En un
congreso ecuménico, un Obispo de Pakistán nos decía muy
convencido:
Llevo más
de 25 años trabajando en Pakistán. Puede que yo sea la
persona que ha convertido más musulmanes: unos 1.000 en todo
mi ministerio.
Al final
de mi carrera me doy cuenta que si a los musulmanes no les
predicamos el Evangelio con los signos y prodigios que
muestren que nuestra religión no es una ideología, sino una
realidad, se perdería el tiempo al ministrar entre ellos,
pues son una cultura anticristiana, pero no anticristo.
Por su
lado, un delegado de Irlanda añadió:
Antes, el
hombre levantaba su mirada al cielo ante cualquier problema
y dificultad. Frente a una epidemia, se hacía una cruzada de
oración. Si no llovía, la gente organizaba jornadas de
intercesión para suplicar a Dios el agua. Hoy día las
vacunas y las presas nos han hecho olvidar a Dios. Pero lo
peor es que se prescinde de Él en otras esferas más
trascendentes. A veces se quiere construir el Reino con
simples técnicas y organización. Pero si es cierto que entre
los musulmanes se necesita esta clase de signos, yo
afirmaría que para el mundo occidental y desarrollado son
aún más necesarios.
El hombre
vive a expensas de sus propias fuerzas y necesita
experimentar que existe el poder de lo Alto: la fuerza del
Espíritu Santo.
Personalmente creo que la nueva expresión para predicar el
Evangelio, sería que la Palabra fuera acompañada de signos
de poder.
Así
predicaba Pablo (1Tes 1,5). Incluso los milagros
autentificaban su ministerio apostólico (2 Cor 12, 12). Como
que no puede haber verdadero o completo apóstol sin estos
signos.
Yo creo
que Jesús no ha cambiado su pastoral y por eso hoy día sigue
manifestándose con poder frente al hombre contemporáneo.
Jesús no ha cambiado su método pastoral porque es eficaz.
El no
necesita congresos de Pastoral o semanas de "aggiornamiento"
o "reciclaje" porque su método todavía funciona y no hay
nada mejor que lo pueda suplantar. Sigue curando, convoca
multitudes, se predica la Palabra y, quienes se abren a la
fe, se convierten.
El 23 de
diciembre de 1987 me escribió el Padre Paul Pegeaud, de
Issia, Costa de Marfil, diciendo:
La
jornada de evangelización ha dejado una profunda huella en
la parroquia. Me lamento de no haber convocado a más
paganos: ya que cada pagano curado ha llegado a ser un
catecúmeno.
Ha habido
curaciones espectaculares como la de un niño jorobado de
cuatro años. Él estaba en los brazos de su papá, que es
médico. Cuando comenzó la oración por los enfermos, comenzó
a sudar abundantemente. Cayó a tierra y se agitaba como si
estuviese en una olla de agua hirviendo.
Luego
sintió que algo lo estiró de la cabeza y las manos y se
levantó por sí mismo.
Entonces
le dijo a su papá: "Papá, tú sí que eres un buen médico". Su
padre le respondió emocionado: es que yo no te curé. Ha sido
Jesús de Nazaret...". Cuando regresaba a su casa el papá
intentó tomar un poco de licor, pues era muy afecto a él,
pero su boca rechazó el sabor y de esa manera quedó libre
del alcoholismo.
Tenemos
otros casos muy hermosos de reconciliación familiar y de
perdón.
Nosotros
les habíamos predicado muchas veces que Jesús había
resucitado y daba vida, pero ahora tenemos muchos testigos
que así lo confirman. Nosotros habíamos leído y predicado
muchas veces las curaciones que narra el Evangelio, pero
ahora ellos las han visto con sus propios ojos. El Evangelio
ha cobrado un nuevo valor para los creyentes y ha sido un
asombro para los paganos.
Hay
quienes critican las exageraciones en el ministerio de
sanación. Yo también lo hago, porque a veces existen. Pero
los que señalan los extremos también deberían referirse a
los que exageran por defecto, es decir a quienes jamás toman
en cuenta este aspecto evangélico. Para mí es más peligrosa
esta última exageración, pues nos lleva a olvidarnos que
existe el poder de Dios para manifestar la salvación al
hombre de hoy.
A veces,
por visión miope se piensa que la curación es todo y no se
descubre su valor. No se perciben los alcances que tiene un
signo como este: la curación suscita una reacción en cadena
en diferentes áreas de la vida de la persona y de quienes la
rodean, como se muestra en el siguiente caso:
En
Santiago de los Caballeros, República Dominicana, el otoño
de 1987 ocurrió una sanación muy grande. Oscar Lama tuvo un
accidente de automóvil, a raíz del cual quedó en estado de
coma durante dos meses. Lo llevaron a un famoso hospital de
Pittsburg, en los Estados U nidos, donde pasó varias
semanas.
Luego,
cuando constataron que nada se podía hacer, pues se le había
desprendido la masa encefálica, lo devolvieron a su patria.
Si lograba salir del estado de coma tendría vida vegetal,
sin ninguna característica humana.
En una
Misa de sanación en la Catedral de Valverde, su papá nos
pidió que fuéramos a su casa a orar por su hijo. Fuimos el
párroco de la Catedral y yo. Oramos unos cinco u ocho
minutos al Señor para que lo sanara. Era impresionante ver
aquel ser humano totalmente inmóvil, que no reaccionaba ante
ningún estímulo ni tenía el menor movimiento propio.
Al otro
día, por la mañana, Oscar llamó a sus padres. Fue una
emoción muy grande oírlo hablar. A la semana miraba los
programas deportivos de televisión y recordaba el nombre de
los futbolistas famosos que él conocía. Le regresaron la
memoria y las demás facultades mentales.
Luego se
levantó y gracias a una intensa terapia y ejercicio comenzó
a caminar. Hoy en día Oscar Lama realiza su trabajo
profesional con toda normalidad.
Esa
sanación ha sido para la familia entera una llamada a la fe;
incluso un amigo muy íntimo de él que iba a visitarlo, quiso
confesarse conmigo. Cuando Oscar regresó a la Iglesia, su
amigo hizo su primera comunión junto con él. Toda la familia
fue tocada espiritualmente a través de esta sanación.
Pasó lo que en las Bodas de Caná donde San Juan dice:
"Jesús manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él".
Este signo despertó la fe en los que le rodeaban. La
sanación se convirtió en un instrumento de evangelización."
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