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LA REUNIÓN DE ORACIÓN
QUE LA REUNIÓN DE ORACIÓN SEA EN ESPÍRITU Y EN VERDAD
Por Luís Martín
La reunión de oración es como el corazón de la vida del
grupo.
La vida del grupo, el que éste crezca y se desarrolle
depende de cómo resulta la reunión de oración, de si
verdaderamente nos centra en el Señor y nos ayuda a amar al
Señor y a los hermanos.
En la reunión de la oración hay siempre tres objetivos muy
concretos a que atender:
. a) La oración con toda la variedad de formas de expresión
que pueda tener la alabanza, como el canto, silencios,
aplausos, brazos levantados y otros gestos.
b) Escuchar al Señor, a través de los hermanos, de los
textos abundantes de la Biblia que se leen, de la enseñanza
que se da, de la profecía, de la exhortación. etc.
c) Crecer en el amor entre unos y otros, un amor exigente, y
por esto, antes y después de la oración los que participan
han de tratar y comunicarse unos con otros.
No se puede omitir ninguno de estos tres objetivos. Si falla
alguno de ellos, no crecerá mucho el grupo ni madurarán sus
miembros en la vida cristiana de la manera que podrían
hacerla.
La vida de cada grupo ha de estar en continuo crecimiento,
lo mismo que la vida de cada miembro del grupo. Las metas a
las que el Espíritu invita a cada grupo son siempre
elevadas. Pero puede haber grupos que se estanquen, porque
sus miembros no caminan lo suficiente al ritmo del Espíritu,
y principalmente porque la reunión de oración queda
entorpecida o bloqueada de alguna manera.
Siempre hemos de estar discerniendo la marcha de nuestras
reuniones de oración, unas veces a nivel de grupo, en
general. y otras veces en el equipo de responsables.
Piensan algunos que la reunión de oración la lleva el Señor
a través de su Espíritu, y que por tanto no tenemos que
preocuparnos mucho nosotros, que ya saldrá como el Señor
quiera. Este enfoque no está de acuerdo con las indicaciones
y enseñanzas que el Señor ha ido dando a los grupos de más
larga experiencia y crecimiento en la vida del Espíritu.
Esto es algo parecido a lo que hace aquél de la parábola que
de los talentos, que cavó un hoyo en la tierra y escondió el
dinero de su señor.
El señor no quiere que le dejemos a El construir solo,
quiere más bien que nosotros construyamos con El, que
trabajemos con El y sigamos siempre sus directrices. El
Señor no quiere espectadores en su obra sino colaboradores.
VAYAMOS PREPARADOS A LA ORACIÓN
Cada uno de nosotros tiene una gran responsabilidad en la
reunión de oración. Por esto hemos de ir preparados.
Ir preparado a la oración significa haber orado antes,
habernos purificado de cuanto nos aparta del Señor, habernos
llenado de su paz y gozo y haber pedido al Señor que derrame
abundantemente esta noche su Espíritu en todos los hermanos
que van a venir.
Ya en nuestro saludo y encuentro con los hermanos se ha de
notar que venimos llenos de paz y de amor, que hemos estado
tratando con el Señor.
Si todos vamos al grupo de cualquier manera, sin
receptividad ni apertura al Espíritu y un poco algo así como
-a ver qué pasa esta noche-, si no vamos ya un poco llenos
del Señor en un contacto previo con él, la oración
discurrirá bastante pobre y la alabanza será más difícil.
En mi propia experiencia he visto que las veces que he ido a
dirigir la oración sin estar preparado, es decir, sin haber
orado antes y estar por tanto actuado en la presencia y en
la unión con el Señor, en este caso la oración ha resultado
más deficiente que otras veces. He podido apreciar que algo
no marchaba bien esa noche: había fallado yo.
Una asamblea de personas cuyos corazones no están abiertos
al Señor no experimentará mucho la acción del Señor, menos
todavía aquellos que vienen a sentarse pasivamente.
Cada uno debemos cultivar previamente unas determinadas
actitudes. Asistir regularmente a un grupo es algo muy
exigente, pero también algo que nos ayuda a crecer y caminar
en el Espíritu, por lo cual hemos de estar dispuestos a
responder gustosos a tales exigencias.
UNAS EXIGENCIAS CONCRETAS
Debemos evitar una actitud de centrarnos en nosotros mismos.
Hay personas que vienen a la oración pensando solamente en
si mismas, en sus propios problemas. Si cada uno de nosotros
fuéramos tan sólo para atender a nuestras propias
necesidades, la oración no funcionaria bien, porque nadie
iría a dar y cada uno no estaríamos más que tomando para
nosotros mismos. En el fondo de esta concepción egoísta del
grupo hay un falso concepto de la vida cristiana.
Si nos pasa esto, lo que necesitamos es centrarnos en la
persona de Cristo Jesús, abandonarnos a El con un sentido de
servicio a los demás.
Otra exigencia muy Importante es fidelidad a nuestra oración
diaria y a la lectura de la Biblia.
A veces estamos convencidos en teoría pero no somos eficaces
en resolver el problema de forma que esta oración diaria y
esta lectura de la Biblia estén aseguradas cada día.
Sin oración diaria es muy poco lo que podemos dar y recibir
del grupo, y esto forma parte de nuestra participación
activa y de nuestra contribución a la vida del grupo. En ese
contacto individual con el Señor es donde hemos de
sincerarnos, purificarnos y crecer en el amor.
Objeto de nuestra oración individual ha de ser también orar
por el grupo y por todos los que participan en la reunión de
oración, especialmente por los que vendrán por primera vez.
Hemos de pedir también que nos manifieste el Señor lo que El
quiera decir en la oración y qué podemos hacer nosotros para
transmitir su mensaje.
Reflexionar también sobre lo que el Señor hizo y dijo en la
reunión de la semana anterior, sobre todo si hubo profecía.
Saber escuchar al Señor en la oración privada es el mejor
entrenamiento para saberle escuchar en la oración del grupo.
PARTICIPACIÓN
ACTIVA
El estar como elemento pasivo en la reunión es estar
restándole vida. Desde el primer momento de la oración
debemos centrar la mente y el corazón en Jesús, deponiendo
en El toda preocupación y problemas. El Espíritu Santo nos
ayudará a mantener la atención despierta a la presencia del
Señor. Basta tomar parte en todos los elementos de la
oración para poner nuestra atención en el Señor. Por tanto
siempre hay que seguir las indicaciones del que dirige la
oración. Cuando el grupo canta en el Espíritu, todos deben
unirse, incluso aquellos que no oran en lenguas, cantando
simplemente -Aleluya" o lo que el Espíritu nos sugiera.
Estar atentos a responder cuando el Señor quiera valerse de
nosotros ya sea a través de la profecía, de un simple
mensaje, de un texto de la Biblia o para compartir con los
hermanos en el momento Indicado alguna experiencia.
No tengamos miedo de hablar o de manifestarnos tal como
somos, pues esto supone falta de humildad o de liberación.
En nuestras intervenciones tengamos siempre el sentido de la
oportunidad. Para ello hay que estar atentos al curso que
sigue la oración. Por tanto el texto que leemos, el
pensamiento que expresamos o la alabanza o la canción estén
de acuerdo con lo que en ese momento se está expresando a
través de los hermanos. Para esto hay que saber escuchar. Si
la plegaria gira en torno al agradecimiento, no
introduzcamos el tema de la curación, por ejemplo, si
estamos en la alabanza no introduzcamos peticiones que
rompen el ritmo de la oración.
Cuando alguien habla mostrémosle nuestra comprensión y
aceptación: una mirada o una sonrisa de apoyo serán
suficientes para darle aliento y confianza.
La participación activa supone también apertura a los
carismas, como oración en lenguas, profecía, interpretación.
Si en ello ponemos reparos o minimizamos su Importancia,
estamos bloqueando la acción del Espíritu.
?San Pablo nos dice: “buscad la caridad, pero aspirad
también a los dones espirituales, especialmente la profecía”
(1 Cor 14,1). SI percibo que el Señor quiere hablar a través
de mi debo volverme entonces al Señor y manifestarle que
quiero obedecer, que me ayude, y esperar el momento oportuno
para hablar.
ORDEN AL SERVICIO DEL ESPÍRITU
Sin estructurar demasiado la reunión de oración, sí ayudará
más seguir un orden para que no se disperse ni la oración ni
la atención de los que participan.
Quizá lo más importante es que haya una persona que dirija
la oración.
Los grupos en los que falta un animador de la oración
encuentran más dificultades para mantener la unidad y son
más vulnerables al decaimiento o al desorden.
Supuesto este elemento, es importante distribuir bien el
tiempo disponible y que la oración no se prolongue
demasiado. Grupos ha habido que han tenido reuniones de
oración, en sus comienzos, de hasta tres, cuatro o cinco
horas de duración. Esto, como ley ordinaria, está
desaconsejado. Dos horas con tiempo para la alabanza, la
enseñanza y los testimonios es un tiempo aceptable. Haya
mucha espontaneidad y mucha participación, pero cierto
orden, pues, nos diría S. Pablo, "Dios no es un Dios de
confusión, sino de paz”. “Cuando os reunís, cada cual puede
tener un salmo, una instrucción, una revelación; pero que
todo sea para edificación”(1 Cor 14,26).
DESCUBRAMOS LA ALABANZA Y MEDIOS DE EXPRESARLA
La alabanza es algo que caracteriza la Renovación
Carismática. No se concibe un grupo de la Renovación en el
que sus miembros no hayan descubierto la alabanza y ésta se
exprese en la gran variedad de formas que conocemos.
Los responsables de los grupos tienen en esto una gran
misión que cumplir. Es necesario que den instrucción
frecuente sobre las diversas formas de oración y que
alienten a todos los miembros a aceptarlas. A veces grupos
que empiezan tienen reparo a cantar en lenguas. Creen que
van a espantar a los nuevos que visitan el grupo.
No seamos tan aferrados a nuestros juicios humanos.
"Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el
Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que
Dios nos ha otorgado, de las cuales también hablamos, no con
palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino aprendidas
del Espíritu, expresando realidades espirituales en términos
espirituales» (1 Cor 2.12•13).
Por esto hemos comprobado cómo el Espíritu nos hace ver que
es muy conveniente instruir a los hermanos en estas
actividades y que si nos abstenemos de hacerla no obramos de
acuerdo con sus insinuaciones.
Todos hemos de mantener vivo un gran deseo de expresar
nuestra alabanza al Señor y este anhelo ha de compartirse
con todos los miembros. Hay quien piensa que no tiene
importancia levantar los brazos, pero el Señor nos hace ver
que orar con los brazos levantados es un modo muy apropiado
de alabar y que esta actitud crea en principio en nosotros
un sentimiento de filiación y de sumisión total a Dios. Por
tanto dejemos a un lado nuestras inhibiciones y respetos,
porque el Espíritu no los necesita.
La exhortación nos ayudará a alentar al grupo, sobre todo al
empezar la reunión, momento en el que más necesitamos
centrar nuestros corazones en el Señor. Si sabemos dar todos
una respuesta unánime a tal invitación, veremos cómo la
alabanza brota espontánea como vibraciones de toda la
asamblea.
Otras veces nos valdremos de la palabra de alabanza. Esto
será en el momento en que cada uno ora en voz alta y de
forma espontánea con sus propias palabras, unos en lenguas,
otros en su propio idioma, otros con un sencillo murmullo:
el Espíritu guía muchas voces. Las "palabras de alabanza”
surgen entonces como el resonar de muchas aguas, lo cual
crea una unidad de corazones con la que el Señor quiere
profundizar nuestra experiencia de oración en la asamblea.
El canto en el Espíritu es el canto de la palabra de
alabanza. Es un canto espontáneo: unos cantan en lenguas,
otros en su propia lengua y otros cantan con un leve
susurro. El Espíritu une melodías en armonía, contrapunto y
disonancia que a veces envidian los entendidos en música. A
veces es una sola persona la que canta en canto inspirado,
canción inspirada que excita a la asamblea hacia la alabanza
y contagia de gozo a todos los que participan. El canto en
el espíritu sumerge al grupo en adoración profunda y le
dispone para escuchar una profecía.
El testimonio o el compartir con los demás las grandes
misericordias del Señor en nuestras vidas dispone también
para la alabanza proclamando la gloria del Señor. Al mismo
tiempo el testimonio del hermano que habla por propia
experiencia edifica la fe y la confianza de todos los demás.
LINEAS DE FUERZA EN EL GRUPO
Las reuniones de oración de los grupos de la Renovación
Carismática son una vuelta a la espontaneidad de las
primeras comunidades cristianas.
Por los datos que nos suministra el Nuevo Testamento vemos
que en aquellas comunidades destacaban los siguientes
elementos:
- Se alababa y celebraba al Señor con salmos y cantos
Inspirados (Ef. 5.19).
- Se proclamaba la Palabra del Señor y los testigos que
estaban presentes contaban en la reunión lo que Jesús había
dicho y hecho (Col 3,16-17).
- Se tenía la “fracción del pan" O Cena del Señor.
- Tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.
La reunión de oración de un grupo de la Renovación se
caracteriza por cinco líneas de fuerza que lo definen y
distinguen:
1.º Presencia de Jesús: Hay una toma de conciencia de la
presencia del Señor en medio del grupo, cumpliendo El su
promesa “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí
estoy en medio de ellos" (Mt. 18,20). Presencia, además, con
su poder y con su amor para curar, iluminar, fortalecer,
hablar y reconfortar. Esta es la clave de la oración del
grupo.
2º. Apertura al Espíritu Santo:
Se empieza siempre invocando al Espíritu, y cada miembro así
como el grupo entero se abre a la acción del Espíritu que
nos lleva a experimentar y sentirnos como hijos de Dios, que
nos introduce en el misterio y conocimiento de Jesús Hijo de
Dios y derrama su amor en nuestros corazones (Rom. 5,5).
3º. Oración de alabanza: Es la expresión de todo lo que el
Señor está haciendo en cada uno y también en el grupo o en
la comunidad. Hay verdadera necesidad de cantar las
maravillas del Señor, de alabarle, alegrarnos y regocijarnos
con El. Predomina la alabanza sobre las otras clases de
oración (petición, perdón, etc.). La alabanza tiene una gran
fuerza para elevar enseguida el tono del grupo y hacerlo
receptivo de la acción del Espíritu.
4º. Comunión en el Espíritu y con Jesús: Al experimentar que
también nos sentimos compenetrados con el Señor y con los
hermanos que participan en la reunión, y que nos penetran
las palabras y sentimientos del Señor. Es cuando el Señor
empieza a construir el grupo y la comunidad y percibimos
cómo empezamos a formar un solo cuerpo con el Señor y nos
sentimos miembros unos de otros. Empezamos también a
escuchar a los demás. a compadecernos de ellos, a amarlos:
es un amor con el que el Señor empapa todo el grupo.
5º. Palabra de Días: Si, que "la palabra de Dios habite en
vosotros con toda su riqueza”. (Col 3,16): se siente como
palabra vida, como mensaje de Dios acogido con gozo y
hambre, que da alimento a toda la oración.
El que dirige la oración ha de estar siempre muy atento para
que se mantengan siempre estas líneas de fuerza durante toda
la reunión Sí alguna de ellas falta, es que se está
desvirtuando la reunión de oración.
(Koinonía n.1)
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