|
¿QUÉ PUEDE HACER LA VERDADERA ORACION EN
NOSOTROS?
1o.-
LA ORACIÓN AUMENTARÁ NUESTRA
SANTIDAD PERSONAL COMO NINGUNA OTRA COSA PUEDE HACERLO,
EXCEPTO EL ESTUDIO DILIGENTE DE LA PALABRA DE DIOS.
Muchas veces nos preguntamos que es lo que la oración hará de
un modo específico en cada uno de nosotros y la misma Palabra
de Dios nos contesta esta pregunta.
En primer lugar, la oración aumentará nuestra piedad personal,
nuestra santidad individual y nuestro crecimiento con miras a
asemejarnos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo como ninguna
otra cosa, excepto el estudio de la Palabra de Dios. En
realidad estas dos cosas, la oración y el estudio de la
Palabra de Dios, van juntas, porque no hay verdadera
oración sin estudio de la palabra de Dios, y no hay estudio de
la Palabra de Dios sin oración.
Su crecimiento y
el mío en asemejarnos al Señor y Salvador Jesucristo, será en
la misma proporción al tiempo que de veras y con ahínco
dediquemos a la oración.
Lo digo de esta
manera porque hay muchos que pasan mucho tiempo en la oración,
pero sin poner en ella su corazón, de modo que aunque hayan
dedicado mucho tiempo, en realidad han orado poco. Otros
dedicarán menos tiempo, pero pondrán en la oración todo su
corazón, de modo que conseguirán mucho más con menos tiempo.
Dios nos dice en
Jeremías 29,13 :
“ Me buscaréis y
me encontraréis, cuando me solicitéis de todo corazón” .
Se nos dice
también en Efesios 1,3 : “ Bendito sea el Dios y Padre de
Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase
de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” .
Esto quiere decir
que Jesucristo, por medio de su muerte expiatoria y su
resurrección y ascensión gloriosa a la diestra del Padre, ha
obtenido para cada creyente toda bendición posible. No hay
ninguna bendición espiritual que un creyente pueda tener que
no esté a su disposición. Ya le pertenece; Cristo la ha
comprado con su muerte expiatoria y Dios la ha puesto a su
disposición por medio de Él.
Está disponible,
pero hay que reclamarla, alargar la mano y tomarla, y la
manera que Dios ha dispuesto para reclamar las bendiciones que
están a nuestra disposición es la oración.
La oración es la mano que alargamos y con ello tomamos las
bendiciones que Dios ha dispuesto para nosotros por medio de
su Hijo.
Es en respuesta a
la oración, como nos dice el salmo 139,23-24, que Dios
escudriña y conoce nuestro corazón, que nos prueba, conoce
nuestros pensamientos y nos muestra el pecado que hay en él y
nos libra del mismo.
Sabemos por el
salmo 19,12-13, que es por medio de la oración que somos
librados de graves delitos, y que Dios nos impide que nos
volvamos presuntuosos.
Es en respuesta a
la oración, según vemos en el Salmo 19,14, que son gratos los
dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti.
Y es en respuesta
a la oración, según el salmo 25,4-5, que Dios nos muestra sus
caminos y nos enseña sus sendas, nos encamina en la verdad.
Sabemos también, por la oración que el mismo Señor Jesucristo
nos enseñó, que somos liberados de la tentación y del poder
del maligno (Mateo 6,13), y como vemos en Lucas 11,13, es en
respuesta a la oración que Dios nos da el Espíritu Santo.
Podríamos revisar todo el catálogo de bendiciones espirituales
y veríamos que todas ellas se pueden obtener con solo
pedirlas. Ciertamente el mismo Señor nos ha dicho en Mateo
7,11: “ Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas
buenas a vuestros hijos, !cuánto más vuestro Padre que está en
los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!.
Uno de los pasajes más instructivos y sugestivos de toda la
Biblia, para mostrar el gran poder de la oración para
transformarnos a la semejanza de Nuestro Señor Jesucristo lo
encontramos en 2 Corintios 3,18: “Más todos nosotros, que
con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la
gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen
cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es
Espíritu” . Esto quiere decir que cada vez que entramos en
comunión con Él, captamos algo nuevo de Su gloria y la
reflejamos al mundo.
Recordemos la
historia de Moisés (que no es leyenda, sino historia
verdadera). Subió al monte y permaneció allí durante cuarenta
días. Allí estaba con Dios, captando los rayos de su gloria
inefable, tanto que cuando descendió del monte, el mismo, sin
saberlo, tenía el rostro resplandeciente, al punto que tuvo
que cubrirlo con un velo para no cegar con esta gloria a sus
compatriotas israelitas.
De la misma manera, nosotros, subiendo al monte de la oración,
lejos del mundo, solos con Dios, y permaneciendo con Él,
captamos los rayos de su gloria. Cuando descendemos a nuestros
hermanos no es que nuestros rostros resplandezcan (aunque a
veces hasta tengo dudas de si lo hacen), pero nuestros
caracteres si lo hacen con la gloria que hemos estado
contemplando. Y reflejamos sobre el mundo la gloria moral de
Dios, de “gloria en gloria”, cada vez que volvemos a ponernos
en contacto con Él.
Aquí se halla el secreto de nuestro asemejarnos a Dios, el
permanecer a solas con Él, porque el que no está junto con Él,
no puede asemejársele.
Muchos santos dedicaron gran parte de su vida a estar con el
Señor, dedicaron muchas horas de cada día para estar con Él, y
quizás Dios no haya llamado a muchos a pasar siete u ocho
horas diarias en oración, pero si creo que nos ha llamado a la
mayoría, si no a todos, a pasar ante su presencia más tiempo
del que pasamos ahora. Este es uno de los grandes secretos de
la santidad; en realidad es el único medio por el cual podemos
llegar a ser santos y continuar siéndolo.
En verdad que lleva tiempo el poder ser santo; no se puede
conseguir con prisas, y una gran parte del tiempo que se tarda
en llegar a serlo debe ser usado en la oración en privado.
Hay muchas
personas que expresan sorpresa ante el hecho que los que
profesamos ser cristianos hoy en día, nos parezcamos tan poco
al Señor Jesús, pero cuando nos ponemos a pensar en el poco o
ningún tiempo que los cristianos dedicamos a la oración
secreta, lo asombroso no es lo poco que nos parecemos al
Señor, sino que podamos asemejarnos a Él en algo.
2o.) LA ORACIÓN NOS DA EL PODER DE
DIOS EN LA OBRA
Leemos en Isaías 40,31: “ Mientras que a los que esperan en
Yahveh, él les renovará el vigor, subirán con alas como de
águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse” .
Es un privilegio de todo hijo de Dios el tener el poder de
Dios a su servicio, y el versículo citado nos dice cómo
obtenerlo, y que la manera de obtenerlo es “esperar en
Yahveh”.
Muchos que colaboran en grupos o en algún apostolado especial
a veces expresan que están tratando de servir al Señor a su
manera, pobre y débil. Si lo están haciendo de ésta, que es su
manera, lo mejor es dejar de hacerlo así, y seguirlo haciendo
a la manera de Dios: fuerte y triunfante.
Si usted expresa
que le falta habilidad natural para servir al Señor, entonces
en Él adquiera habilidad sobrenatural, porque la religión de
Jesucristo es una religión sobrenatural, del principio al
final, y deberíamos vivir nuestras vidas con poder
sobrenatural, poder de Dios, por medio de Jesucristo, y
deberíamos prestar nuestro servicio de evangelizadores, con
poder sobrenatural, el poder de Dios ministrado por el
Espíritu Santo por medio de Jesucristo.
Si dice “no tengo dones naturales”, bien, pues ahí están a su
disposición los dones sobrenaturales. El Espíritu Santo ha
sido prometido a todos los creyentes para que puedan obtener
dones sobrenaturales que les harán hábiles para el servicio
particular al que Dios los llame. “ Pero todas estas cosas
las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada
uno en particular según su voluntad” ( 1 Corintios 12,11),
lo que nos indica que podemos obtener el poder de Dios, si lo
pedimos en oración, en cualquier actividad de servicio a la
que Él nos llame.
Es usted una madre
o un padre? Quiere poder de Dios para criar a sus hijos en el
consejo y amonestación el Señor? Dios le manda que lo haga, y
especialmente le manda al padre que lo haga. Efesios 6,4 nos
dice:
“ Padres, no
exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante
la instrucción y la corrección según el Señor”.
Dios nunca nos ordena algo imposible, y si nos manda que
criemos a los hijos en disciplina y amonestación del Señor,
nos ha de ser posible hacerlo. Si uno de nuestros hijos no es
salvo, no hay que olvidar que nos toca un tanto de culpa.
Pablo dijo al carcelero de Filipos: “ Ten fe en el Señor
Jesús y te salvarás tú y tu casa” . (Hechos 16,31).
Lo anterior nos
indica que es un deber de cada padre y madre el conducir a
cada uno de sus hijos hacia Jesús, pero esto no lo podemos
conseguir a menos que pidamos a Dios el poder para
conseguirlo, y que lo desarrollemos a través de la oración.
Cuesta pasar mucho tiempo con Dios, mucha oración. Se requiere
también hacer sacrificios y poner en orden aquellas cosas en
su propia vida que no son conformes a la voluntad de Dios,
porque si pretendemos que nuestros hijos cambien, pero
nosotros no lo hemos hecho, es imposible esperar buenos
resultados de nuestra oración.
Si usted realiza alguna obra de carácter público, si pertenece
a algún movimiento o apostolado, si es un evangelizador o
misionero, si es un religioso (a), si es un sacerdote y desea
tener poder en su labor al servicio del Señor, pídalo
fervientemente en oración y Dios se lo concederá.
Al respecto el Señor Jesús nos dice:
- “ Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en
mi Nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les
hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán
bien.”
(Marcos 16,17-18).
- “En verdad, en verdad os digo: el que cree en Mí, hará el
también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo
voy al padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré,
para que el Padre sea glorificado en el Hijo”
(Juan 14,12-13).
- “Si pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a
vuestros hijos, !cuánto más el padre del Cielo dará el
Espíritu Santo a los que se lo pidan”
(Lucas 11,13).
- “ Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre
vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, Judea, Samaría y
hasta los confines de la tierra”
(Hechos 1,8).
- “El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed. Sino que
el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente brotante
de vida eterna”
( Juan 4,14).
- “El que tenga sed que se acerque, y el que quiera, que
reciba gratuitamente el Agua de Vida”
(Apocalipsis 22,17).
-”Ahora les digo que no es así con el Espíritu de Dios; ningún
inspirado puede decir: “Maldito sea Jesús”. (Y tampoco nadie
puede decir: “Jesús es Señor”, sino guiado por el Espíritu
Santo.)
Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el
mismo; hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo;
hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo
en todos.
En cada uno el Espíritu revela su presencia con un don que es
también un servicio”
(1 Corintios 12,3-7).
! Oh, si pasáramos más momentos y noches ante Dios orando, si
de corazón imploráramos en todo momento y para cada situación
la presencia y asistencia del espíritu Santo, cuántos más días
habría en que brillaría el poder de Dios reflejado en cada una
de nuestras actividades! .
3o.) LA ORACIÓN ME PERMITE
DESCUBRIR QUIÉN SOY EN CRISTO
Muchas personas que dicen ser religiosas o espirituales sufren
un gran problema de identidad, y es que a pesar de seguir al
Señor a través de la oración, a pesar de tratar de conocerlo
por medio de su Palabra, a pesar de vivir una vida
sacramental, a pesar de descubrir su inmenso poder y su
presencia en todos los acontecimientos del diario vivir, no
han podido descubrir la verdad de sus propias vidas, no han
descubierto la verdad que los hace libres y no han descubierto
quienes son en el Señor Jesús, quienes son ante Dios, porque
quizás no han podido asimilar que tan grande e inconmensurable
es su amor por todos nosotros y en particular por cada uno, ya
que nos ama de una manera personal (Cfr. Isaías 43,1 ;
Jeremías 31,3 ; Salmo 103,13), nos ama incondicionalmente (
Cfr. 1 Juan 4,8 ; Isaías 49,15 ; 54,10 ; Sofonías 3,17 ; Lucas
15,11-31), siempre toma la iniciativa para amarnos (Cfr.
Gálatas 4,9 ; Jeremías 20,7 ; Juan 15,16), y porque Dios
quiere lo mejor para nosotros que somos sus hijos (Cfr.
Efesios 3,20 ; Isaías 55,8-9).
Analiza profundamente las siguientes citas y encontrarás quién
eres en el Señor:
- Soy la sal de la tierra y soy la luz del mundo ( Mateo
5,13-14)
- Soy hijo de Dios ( Juan 1,12)
- Soy sarmiento de la verdadera vid que es Cristo y si
permanezco en Él podré dar mucho fruto ( Juan 15,1-5)
- Soy amigo de Cristo y he sido elegido y destinado a dar
mucho fruto ( Juan 15,15-16)
- Soy testigo personal de Cristo enviado para hablarle al
mundo de Él (Hechos 1,8)
- Soy esclavo de la justicia ( Romanos 6,18)
- Soy esclavo de Dios que me permite fructificar para la
santidad y para la vida eterna ( Romanos 6,22)
- Cuando Soy
guiado por el Espíritu de Dios, me convierto en su hijo
(Romanos 8,14)
- Por la fe en Cristo Jesús soy declarado hijo de Dios (
Gálatas 3,26 )
- La prueba de
que soy hijo es que Dios ha enviado a nuestros corazones el
Espíritu de su hijo que clama: “Abbá, Padre “ ( Gálatas 4.6 )
- Soy heredero de Dios y coheredero de Cristo, ya que sufrimos
con Él, para ser también con Él glorificados ( Romanos 8,17 )
- Soy santuario de Dios “una vivienda para Dios” y su Espíritu
habita en mí ( 1 Corintios 3,16 ; 6,19 )
- Si me uno al Señor me hago un solo espíritu con Él ( 1
Corintios 6,17 )
- Soy parte del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12,27)
- Soy una nueva creación si estoy en Cristo; pasó lo viejo,
todo es nuevo ( 2 Corintios 5,17 )
- Estoy reconciliado con Dios y Él me ha hecho embajador de
Cristo, para ayudar a otros a que encuentren la paz con Dios (
2 Corintios 5,19-20 )
- Por mi bautismo me he revestido de Cristo y he sido hecho
uno solo con mis hermanos en Cristo Jesús (Gálatas 3,27-28)
- Ya no soy esclavo, sino hijo y heredero del Reino que Él ha
prometido según su voluntad (Gálatas 4,7)
- Soy santo y fiel en Cristo Jesús (Efesios 1,1; Filipenses
1,1; Colosenses 1,2)
- Soy hechura de Dios, creado en Cristo Jesús para hacer Su
obra (Efesios 2,10)
- Soy conciudadano de los santos y familiares de Dios
(Efesios 2,19)
- Soy prisionero de Cristo para ayudar a otros (Efesios 3,1)
- Soy invitado a revestirme del hombre nuevo, creado según
Dios, en la justicia y santidad de la verdad (Efesios 4,24)
- Soy ciudadano del cielo, espero como Salvador al Señor
Jesucristo y estoy con Cristo sentado en lugares celestiales
(Filipenses 3,20; Efesios 2,6)
- Si he resucitado con Cristo, nuestra vida está oculta con
Él en Dios y soy una expresión de su gloria, porque Él es mi
vida (Colosenses 3,3-4)
- Soy elegido de Dios, santo y amado por Él, y por eso debo
revestirme de entrañas de misericordia, de bondad, humildad,
mansedumbre, paciencia..... (Colosenses 3,12; 1 Tesalonicenses
1,4)
- Soy hijo de la luz e hijo del día, y no soy de la noche ni
de las tinieblas ( 1 tesalonicenses 5,5)
- He venido a ser partícipe de Cristo .... (Hebreos 3,14)
- Yo soy una de las piedras vivas de Dios, y estoy siendo
edificado en Cristo como casa espiritual (1 Pedro 2,5)
- Yo soy un miembro del linaje escogido, del real sacerdocio,
de la nación santa, del pueblo adquirido por Dios (1 Pedro 2,9
-10)
- Yo soy solamente peregrino en este mundo donde vivo
transitoriamente (1 Pedro 2,11)
- Yo soy un enemigo del Diablo (1 Pedro 5,8)
- Yo soy un hijo de Dios y seré como Cristo cuando él vuelva
(1 Juan 3,1-2)
- Yo soy nacido de nuevo en Cristo y el maligno no puede
tocarme (1 Juan 5,18)
- Yo soy lo que soy por la gracia de Dios y su gracia no ha
sido estéril en mí ( 1 Corintios 15,10)
Y PUESTO QUE ESTOY EN CRISTO POR LA GRACIA DE DIOS .......
- Ahora soy aceptable para Dios, -justificado-, completamente
perdonado y vivo en paz con Él (Romanos 5,1)
- La persona pecadora que fui murió con Cristo y el pecado ya
no rige mi vida (Romanos 6,1-6)
- Estoy libre del castigo que merece mi pecado (Romanos 8,1)
- Fui colocado en Cristo por obra de Dios (1 Corintios 1,30)
- Recibí el Espíritu de Dios. Soy capaz de reconocer las
bendiciones que Él me ha dado (1 Corintios 2,12)
- Me ha sido dada la mente de Cristo la cual me da Su
sabiduría para tomar las decisiones correctas (1 Corintios
2,16)
- Fui comprado por un precio; no soy dueño de mí sino que
pertenezco a Dios ( 2 Corintios 1,21-22)
- Puesto que he muerto, ya no vivo para mí mismo sino para
Cristo (2 Corintios 5,14-15)
- Fui hecho aceptable para Dios “justo” (2 Corintios 5,21)
- Fui crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que
Cristo vive en mí; la vida que ahora vivo es la vida de Cristo
(Gálatas 2,20)
- He sido bendecido con toda clase de bendiciones
espirituales, en los cielos, en Cristo Jesús (Efesios 1,3)
- Fui escogido en Cristo antes que el mundo fuera creado,
para ser santo y sin mancha delante de Él (Efesios 1,4)
- Fui elegido por Dios, predestinado para ser hijo adoptivo
por medio de Jesucristo (Efesios 1,5)
- Fui redimido de la esclavitud del pecado, “redimido” y
perdonado por medio de su sangre, he recibido su generosa
gracia (Efesios 1,6-7)
- “Sellado”. Me ha sido dado el Espíritu Santo como promesa
de mi herencia futura (Efesios 1,13-14)
- He sido vivificado espiritualmente juntamente con Cristo
(Efesios 2,5)
- Fui resucitado y sentado con Cristo en lugares celestiales
(Efesios 2,6)
- Tengo acceso directo a Dios por medio del Espíritu Santo
(Efesios 2,18)
- Puedo acercarme a Dios directamente con libertad y
confianza (Efesios 3,12)
- Fui rescatado del poder de Satanás y trasladado al Reino de
Cristo (Colosenses 1,13)
- Fui perdonado de todos mis pecados y redimido en Cristo
Jesús. La deuda contra mí ha sido cancelada (Colosenses 1,14)
- Cristo mismo vive en mí (Colosenses 1,27)
- Estoy firmemente arraigado en Cristo y ahora soy edificado
en Él (Colosenses 2,7)
- Soy plenificado en Cristo, que es la cabeza de todo
principado y de toda potestad (Colosenses 2,10)
- Fui enterrado, resucitado y vivificado con Cristo
(Colosenses 2,12-13)
- Morí con Cristo y fui resucitado con Él. Ahora mi vida está
escondida con Cristo en Dios. Cristo es mi vida ahora
(Colosenses 3,1-4)
- Me fue dado en el Señor un espíritu de fortaleza, de amor y
de templanza o dominio propio (2 Timoteo 1,7)
- Fui salvado y separado - santificado- conforme al plan de
Dios (2 Timoteo 1,9; Tito 3,5)
- Por estar separado -santificado- y ser uno con Cristo, Él
no se avergüenza de llamarme hermano o hermana (Hebreos 2,11)
- Tengo el derecho de presentarme confiadamente ante el trono
de Dios, a fin de alcanzar misericordia. Él satisfará mis
necesidades con amor y bondad (Hebreos 4,16)
- Me han sido dadas grandes y valiosas promesas. La
naturaleza de Dios ha llegado a ser parte de mí. (2 Pedro 1,4)
Es posible que hoy:
- yo sea un
cristiano de segunda o tercera categoría;
- que yo viva
lamentando mi suerte y deseando otra mejor,
- que a pesar de
cumplir con algunos ritos dentro de mi Iglesia y de decir que
sigo al Señor Jesús, yo viva lleno de tristeza, de angustia,
de desilusión, de desesperanza, de temores;
- que me considere
un desdichado que no sabe quién es y para donde va;
- que no haya
descubierto que soy hijo de Dios y que he sido creado a su
imagen y semejanza;
- que no haya
descubierto que Dios se hizo un hombre como yo (menos en el
pecado) en la persona de su Hijo Jesucristo, sólo para venir a
salvarme, a redimirme de las garras del mal y del estigma del
pecado;
- que no haya
descubierto que si Dios está conmigo, quién puede estar contra
mí?; - que no haya descubierto que sólo puedo ser salvo por
la acción santificadora del espíritu Santo de Dios y no le
haya permitido al Señor hacer su obra de redención en mí vida
y desde lo más profundo de mi ser,
- en fin, es posible que la ceguera, la sordera y la
insensibilidad del mundo material me hayan hecho desestimar,
no valorar y quizás no comprender la inmensa obra que Dios ha
hecho por mí y en mí.
Pero siempre habrá un mañana mejor cuando buscamos a Dios de
todo corazón y hoy puede ser el día en que a través de la
verdadera oración, y por medio de la acción maravillosa del
Espíritu Santo, puedas descubrir cual es tu identidad en
Cristo Jesús, y así puedas llenar tu mente con las verdades de
la Santa Palabra de Dios, que transformarán tu vida en otra
mejor, en la del hombre nuevo nacido del agua y del Espíritu
de Dios. (Cfr. Juan 3, 3-7).
|