Diócesis de Lomas de Zamora - Buenos Aires  - Argentina

info@rcclomasdezamora.com.ar

 

¿QUÉ PUEDE HACER LA VERDADERA ORACION EN NOSOTROS?

 

1o.- LA ORACIÓN AUMENTARÁ NUESTRA SANTIDAD PERSONAL COMO NINGUNA OTRA COSA PUEDE HACERLO, EXCEPTO EL ESTUDIO DILIGENTE DE LA PALABRA DE DIOS.

 

Muchas veces nos preguntamos que es lo que la oración hará de un modo específico en cada uno de nosotros y la misma Palabra de Dios nos contesta esta pregunta.

En primer lugar, la oración aumentará nuestra piedad personal, nuestra santidad individual y nuestro crecimiento con miras a asemejarnos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo como ninguna otra cosa, excepto el estudio de la Palabra de Dios. En realidad estas dos cosas, la oración y el estudio de la Palabra de Dios, van juntas, porque no hay verdadera oración sin estudio de la palabra de Dios, y no hay estudio de la Palabra de Dios sin oración.

Su crecimiento y el mío en asemejarnos al Señor y Salvador Jesucristo, será en la misma proporción al tiempo que de veras y con ahínco dediquemos a la oración.

Lo digo de esta manera porque hay muchos que pasan mucho tiempo en la oración, pero sin poner en ella su corazón, de modo que aunque hayan dedicado mucho tiempo, en realidad han orado poco. Otros dedicarán menos tiempo, pero pondrán en la oración todo su corazón, de modo que conseguirán mucho más con menos tiempo.

Dios nos dice en Jeremías 29,13 :  “  Me buscaréis y me encontraréis, cuando me solicitéis de todo corazón” .

Se nos dice también en Efesios 1,3 : “ Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” .

Esto quiere decir que Jesucristo, por medio de su muerte expiatoria y su resurrección y ascensión gloriosa a la diestra del Padre, ha obtenido para cada creyente toda bendición posible. No hay ninguna bendición espiritual que un creyente pueda tener que no esté a su disposición. Ya le pertenece; Cristo la ha comprado con su muerte expiatoria y Dios la ha puesto a su disposición por medio de Él.

Está disponible, pero hay que reclamarla, alargar la mano y tomarla, y la manera que Dios ha dispuesto para reclamar las bendiciones que están a nuestra disposición es la oración.

La oración es la mano que alargamos y con ello tomamos las bendiciones que Dios ha dispuesto para nosotros por medio de su Hijo.

Es en respuesta a la oración, como nos dice el salmo 139,23-24, que Dios escudriña y conoce nuestro corazón, que nos prueba, conoce nuestros pensamientos y nos  muestra el pecado que hay en él y nos libra del mismo.

Sabemos por el salmo 19,12-13, que es por medio de la oración que somos librados de graves delitos, y que Dios nos impide que nos volvamos presuntuosos.

Es en respuesta a la oración, según vemos en el Salmo 19,14, que son gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti.

Y es en respuesta a la oración, según el salmo 25,4-5, que Dios nos muestra sus caminos y nos enseña sus sendas, nos encamina en la verdad.

Sabemos también, por la oración que el mismo Señor Jesucristo nos enseñó, que somos liberados de la tentación y del poder del maligno (Mateo 6,13), y como vemos en Lucas 11,13, es en respuesta a la oración que Dios nos da el Espíritu Santo.

Podríamos revisar todo el catálogo de bendiciones espirituales y veríamos que todas ellas se pueden obtener con solo pedirlas. Ciertamente el mismo Señor nos ha dicho en Mateo 7,11: “ Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, !cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!.

Uno de los pasajes más instructivos y sugestivos de toda la Biblia, para mostrar el gran poder de la oración para transformarnos a la semejanza de Nuestro Señor Jesucristo lo encontramos en 2 Corintios 3,18: “Más todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu” . Esto quiere decir que cada vez que entramos en comunión con Él, captamos algo nuevo de Su gloria y la reflejamos al mundo.

Recordemos la historia de Moisés (que no es leyenda, sino historia verdadera). Subió al monte y permaneció allí durante cuarenta días. Allí estaba con Dios, captando los rayos de su gloria inefable, tanto que cuando descendió del monte, el mismo, sin saberlo, tenía el rostro resplandeciente, al punto que tuvo que cubrirlo con un velo para no cegar con esta gloria a sus compatriotas israelitas.

De la misma manera, nosotros, subiendo al monte de la oración, lejos del mundo, solos con Dios, y permaneciendo con Él, captamos los rayos de su gloria. Cuando descendemos a nuestros hermanos no es que nuestros rostros resplandezcan (aunque a veces hasta tengo dudas de si lo hacen), pero nuestros caracteres si lo hacen con la gloria que hemos estado contemplando. Y reflejamos sobre el mundo la gloria moral de Dios, de “gloria en gloria”, cada vez que volvemos a ponernos en contacto con Él.

Aquí se halla el secreto de nuestro asemejarnos a Dios, el permanecer a solas con Él, porque el que no está junto con Él, no puede asemejársele.

Muchos santos dedicaron gran parte de su vida a estar con el Señor, dedicaron muchas horas de cada día para estar con Él, y quizás Dios no haya llamado a muchos a pasar siete u ocho horas diarias en oración, pero si creo que nos ha llamado a la mayoría, si no a todos, a pasar ante su presencia más tiempo del que pasamos ahora. Este es uno de los grandes secretos de la santidad; en realidad es el único medio por el cual podemos llegar a ser santos y continuar siéndolo.

En verdad que lleva tiempo el poder ser santo; no se puede conseguir con prisas, y una gran parte del tiempo que se tarda en llegar a serlo debe ser usado en la oración en privado.

Hay muchas personas que expresan sorpresa ante el hecho que los que profesamos ser cristianos hoy en día, nos parezcamos tan poco al Señor Jesús, pero cuando nos ponemos a pensar en el poco o ningún tiempo que los cristianos dedicamos a la oración secreta, lo asombroso no es lo poco que nos parecemos al Señor, sino que podamos asemejarnos a Él en algo.

 

2o.) LA ORACIÓN NOS DA EL PODER DE DIOS EN LA OBRA

 

Leemos en Isaías 40,31: “ Mientras que a los que esperan en Yahveh, él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse”  .

Es un privilegio de todo hijo de Dios el tener el poder de Dios a su servicio, y el versículo citado nos dice cómo obtenerlo, y que la manera de obtenerlo es “esperar en Yahveh”.

Muchos que colaboran en grupos o en algún apostolado especial a veces expresan que están tratando de servir al Señor a su manera, pobre y débil. Si lo están haciendo de ésta, que es su manera, lo mejor es dejar de hacerlo así, y seguirlo haciendo a la manera de Dios: fuerte y triunfante.

Si usted expresa que le falta habilidad natural para servir al Señor, entonces en Él adquiera habilidad sobrenatural, porque la religión de Jesucristo es una religión sobrenatural, del principio al final, y deberíamos vivir nuestras vidas con poder sobrenatural, poder de Dios, por medio de Jesucristo, y deberíamos prestar nuestro servicio de evangelizadores, con poder sobrenatural, el poder de Dios ministrado por el Espíritu Santo por medio de Jesucristo.

Si dice “no tengo dones naturales”, bien, pues ahí están a su disposición los dones sobrenaturales. El Espíritu Santo ha sido prometido a todos los creyentes para que puedan obtener dones sobrenaturales que les harán hábiles para el servicio particular al que Dios los llame. “ Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad” ( 1 Corintios 12,11), lo que nos indica que podemos obtener el poder de Dios, si lo pedimos en oración, en cualquier actividad de servicio a la que Él nos llame.

Es usted una madre o un padre? Quiere poder de Dios para criar a sus hijos en el consejo y amonestación el Señor? Dios le manda que lo haga, y especialmente le manda al padre que lo haga. Efesios 6,4 nos dice: “ Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor”.

Dios nunca nos ordena algo imposible, y si nos manda que criemos a los hijos en disciplina y amonestación del Señor, nos ha de ser posible hacerlo. Si uno de nuestros hijos no es salvo, no hay que olvidar que nos toca un tanto de culpa. Pablo dijo al carcelero de Filipos: “ Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa” . (Hechos 16,31).

Lo anterior nos indica que es un deber de cada padre y madre el conducir a cada uno de sus hijos hacia Jesús, pero esto no lo podemos conseguir a menos que pidamos a Dios el poder para conseguirlo, y que lo desarrollemos a través de la oración.

Cuesta pasar mucho tiempo con Dios, mucha oración. Se requiere también hacer sacrificios y poner en orden aquellas cosas en su propia vida que no son conformes a la voluntad de Dios, porque si pretendemos que nuestros hijos cambien, pero nosotros no lo hemos hecho, es imposible esperar buenos resultados de nuestra oración.

Si usted realiza alguna obra de carácter público, si pertenece a algún movimiento o apostolado, si es un evangelizador o misionero, si es un religioso (a), si es un sacerdote y desea tener poder en su labor al servicio del Señor, pídalo fervientemente en oración y Dios se lo concederá.

Al respecto el Señor Jesús nos dice:

- “ Estas son las señales que acompañarán a los que crean:  en mi Nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.” (Marcos 16,17-18).

- “En verdad, en verdad os digo: el que cree en Mí, hará el también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14,12-13).

- “Si pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, !cuánto más el padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan” (Lucas 11,13).

- “ Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, Judea, Samaría y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1,8).

- “El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed. Sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente brotante de vida eterna” ( Juan 4,14).

- “El que tenga sed que se acerque, y el que quiera, que reciba gratuitamente el Agua de Vida” (Apocalipsis 22,17).

-”Ahora les digo que no es así con el Espíritu de Dios; ningún inspirado puede decir: “Maldito sea Jesús”. (Y tampoco nadie puede decir: “Jesús es Señor”, sino guiado por el Espíritu Santo.)

Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo; hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos.

En cada uno el Espíritu revela su presencia con un don que es también un servicio” (1 Corintios 12,3-7).

! Oh, si pasáramos más momentos y noches ante Dios orando, si de corazón imploráramos en todo momento y para cada situación la presencia y asistencia del espíritu Santo, cuántos más días habría en que brillaría el poder de Dios reflejado en cada una de nuestras actividades! .

 

3o.) LA ORACIÓN ME PERMITE DESCUBRIR QUIÉN SOY EN CRISTO

 

Muchas personas que dicen ser religiosas o espirituales sufren un gran problema de identidad, y es que a pesar de seguir al Señor a través de la oración, a pesar de tratar de conocerlo por medio de su Palabra, a pesar de vivir una vida sacramental, a pesar de descubrir su inmenso poder y su presencia en todos los acontecimientos del diario vivir, no han podido descubrir la verdad de sus propias vidas, no han descubierto la verdad que los hace libres y no han descubierto quienes son en el Señor Jesús, quienes son ante Dios, porque quizás no han podido asimilar que tan grande e inconmensurable es su amor por todos nosotros y en particular por cada uno, ya que nos ama de una manera personal (Cfr. Isaías 43,1 ; Jeremías 31,3 ; Salmo 103,13), nos ama incondicionalmente ( Cfr. 1 Juan 4,8 ; Isaías 49,15 ; 54,10 ; Sofonías 3,17 ; Lucas 15,11-31), siempre toma la iniciativa para amarnos (Cfr. Gálatas 4,9 ; Jeremías 20,7 ; Juan 15,16), y porque Dios quiere lo mejor para nosotros que  somos sus hijos (Cfr. Efesios 3,20 ; Isaías 55,8-9).

Analiza profundamente las siguientes citas y encontrarás quién eres en el Señor:

 

- Soy la sal de la tierra y soy la luz del mundo ( Mateo 5,13-14)

- Soy hijo de Dios ( Juan 1,12)

- Soy sarmiento de la verdadera vid que es Cristo y si permanezco en Él podré dar mucho fruto ( Juan 15,1-5)

- Soy amigo de Cristo y he sido elegido y destinado a dar mucho fruto ( Juan 15,15-16)

- Soy testigo personal de Cristo enviado para hablarle al mundo de Él (Hechos 1,8)

- Soy esclavo de la justicia ( Romanos 6,18)

- Soy esclavo de Dios que me permite fructificar para la santidad y para la vida eterna ( Romanos 6,22)

- Cuando Soy guiado por el Espíritu de Dios, me convierto en su hijo (Romanos 8,14) 

-  Por la fe en Cristo Jesús soy declarado hijo de Dios ( Gálatas 3,26 )

-  La prueba de que soy hijo es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su hijo que clama: “Abbá, Padre “ ( Gálatas 4.6 )

- Soy heredero de Dios y coheredero de Cristo, ya que sufrimos con Él, para ser también con Él glorificados ( Romanos 8,17 )

- Soy santuario de Dios “una vivienda para Dios” y su Espíritu habita en mí ( 1 Corintios 3,16 ; 6,19 )

-  Si me uno al Señor me hago un solo espíritu con Él ( 1 Corintios 6,17 )

-  Soy parte del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12,27)

- Soy una nueva creación si estoy en Cristo; pasó lo viejo, todo es nuevo ( 2 Corintios 5,17 )

-  Estoy reconciliado con Dios y Él me ha hecho embajador de Cristo, para ayudar a otros a que encuentren la paz con Dios ( 2 Corintios 5,19-20 )

-  Por mi bautismo me he revestido de Cristo y he sido hecho uno solo con mis hermanos en Cristo Jesús (Gálatas 3,27-28)

-  Ya no soy esclavo, sino hijo y heredero del Reino que Él ha prometido según su voluntad (Gálatas 4,7)

-  Soy santo y fiel en Cristo Jesús (Efesios 1,1; Filipenses 1,1; Colosenses 1,2)

-  Soy hechura de Dios, creado en Cristo Jesús para hacer Su obra (Efesios 2,10)

-  Soy conciudadano de los santos y familiares de Dios (Efesios 2,19)

-  Soy prisionero de Cristo para ayudar a otros (Efesios 3,1)

-  Soy invitado a revestirme del hombre nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad (Efesios 4,24)

-  Soy ciudadano del cielo, espero como Salvador al Señor Jesucristo y estoy con Cristo sentado en lugares celestiales (Filipenses 3,20; Efesios 2,6)

-  Si he resucitado con Cristo, nuestra vida está oculta con Él en Dios y soy una expresión de su gloria, porque Él es mi vida (Colosenses 3,3-4)

-  Soy elegido de Dios, santo y amado por Él, y por eso debo revestirme de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia..... (Colosenses 3,12; 1 Tesalonicenses 1,4)

-  Soy hijo de la luz e hijo del día, y no soy de la noche ni de las tinieblas ( 1 tesalonicenses 5,5)

-   He venido a ser partícipe de Cristo .... (Hebreos 3,14)

-  Yo soy una de las piedras vivas de Dios, y estoy siendo edificado en Cristo como casa espiritual (1 Pedro 2,5)

-  Yo soy un miembro del linaje escogido, del real sacerdocio, de la nación santa, del pueblo adquirido por Dios (1 Pedro 2,9 -10)

-  Yo soy solamente peregrino en este mundo donde vivo transitoriamente (1 Pedro 2,11)

-  Yo soy un enemigo del Diablo (1 Pedro 5,8)

-  Yo soy un hijo de Dios y seré como Cristo cuando él vuelva (1 Juan 3,1-2)

-  Yo soy nacido de nuevo en Cristo y el maligno no puede tocarme (1 Juan 5,18)

-  Yo soy lo que soy por la gracia de Dios y su gracia no ha sido estéril en mí ( 1 Corintios 15,10)

 

Y PUESTO QUE ESTOY EN CRISTO POR LA GRACIA DE DIOS .......

 

-  Ahora soy aceptable para Dios, -justificado-, completamente perdonado y vivo en paz con Él (Romanos 5,1)

-  La persona pecadora que fui murió con Cristo y el pecado ya no rige mi vida (Romanos 6,1-6)

-  Estoy libre del castigo que merece mi pecado (Romanos 8,1)

-  Fui colocado en Cristo por obra de Dios (1 Corintios 1,30)

-  Recibí el Espíritu de Dios. Soy capaz de reconocer las bendiciones que Él me ha dado (1 Corintios 2,12)

-  Me ha sido dada la mente de Cristo la cual me da Su sabiduría para tomar las decisiones correctas (1 Corintios 2,16)

-  Fui comprado por un precio; no soy dueño de mí sino que pertenezco a Dios ( 2 Corintios 1,21-22)

-  Puesto que he muerto, ya no vivo para mí mismo sino para Cristo (2 Corintios 5,14-15)

-  Fui hecho aceptable para Dios “justo” (2 Corintios 5,21)

-  Fui crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; la vida que ahora vivo es la vida de Cristo (Gálatas 2,20)

-  He sido bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo Jesús (Efesios 1,3)

-  Fui escogido en Cristo antes que el mundo fuera creado, para ser santo y sin mancha delante de Él (Efesios 1,4)

 

-  Fui elegido por Dios, predestinado para ser hijo adoptivo por medio de Jesucristo (Efesios 1,5)

-  Fui redimido de la esclavitud del pecado, “redimido” y perdonado por medio de su sangre, he recibido su generosa gracia (Efesios 1,6-7)

-  “Sellado”. Me ha sido dado el Espíritu Santo como promesa de mi herencia futura (Efesios 1,13-14)

-  He sido vivificado espiritualmente juntamente con Cristo (Efesios 2,5)

-  Fui resucitado y sentado con Cristo en lugares celestiales (Efesios 2,6)

-  Tengo acceso directo a Dios por medio del Espíritu Santo (Efesios 2,18)

-  Puedo acercarme a Dios directamente con libertad y confianza (Efesios 3,12)

-  Fui rescatado del poder de Satanás y trasladado al Reino de Cristo (Colosenses 1,13)

-  Fui perdonado de todos mis pecados y redimido en Cristo Jesús. La deuda contra mí ha sido cancelada (Colosenses 1,14)

-  Cristo mismo vive en mí (Colosenses 1,27)

-  Estoy firmemente arraigado en Cristo y ahora soy edificado en Él (Colosenses 2,7)

-  Soy plenificado en Cristo, que es la cabeza de todo principado y de toda potestad (Colosenses 2,10)

-  Fui enterrado, resucitado y vivificado con Cristo (Colosenses 2,12-13)

-  Morí con Cristo y fui resucitado con Él. Ahora mi vida está escondida con Cristo en Dios. Cristo es mi vida ahora (Colosenses 3,1-4)

-  Me fue dado en el Señor un espíritu de fortaleza, de amor y de templanza o dominio propio (2 Timoteo 1,7)

-  Fui salvado y separado - santificado- conforme al plan de Dios (2 Timoteo 1,9; Tito 3,5)

-  Por estar separado -santificado- y ser uno con Cristo, Él no se avergüenza de llamarme hermano o hermana (Hebreos 2,11)

-  Tengo el derecho de presentarme confiadamente ante el trono de Dios, a fin de alcanzar misericordia. Él satisfará mis necesidades con amor y bondad (Hebreos 4,16)

-  Me han sido dadas grandes y valiosas promesas. La naturaleza de Dios ha llegado a ser parte de mí. (2 Pedro 1,4)

 

Es posible que hoy:

 

- yo sea un cristiano de segunda o tercera categoría;

- que yo viva lamentando mi suerte y deseando otra mejor,

- que a pesar de cumplir con algunos ritos dentro de mi Iglesia y de decir que sigo al Señor Jesús, yo viva lleno de tristeza, de angustia, de desilusión, de desesperanza, de temores; 

- que me considere un desdichado que no sabe quién es y para donde va;

- que no haya descubierto que soy hijo de Dios y que he sido creado a su imagen y semejanza;

- que no haya descubierto que Dios se hizo un hombre como yo (menos en el pecado) en la persona de su Hijo Jesucristo, sólo para venir a salvarme, a redimirme de las garras del mal y del estigma del pecado; 

- que no haya descubierto que si Dios está conmigo, quién puede estar contra mí?;  - que no haya descubierto que sólo puedo ser salvo por la acción santificadora del espíritu Santo de Dios y no le haya permitido al Señor hacer su obra de redención en mí vida y desde lo más profundo de mi ser,

- en fin, es posible que la ceguera, la sordera y la insensibilidad del mundo material me hayan hecho desestimar, no valorar y quizás no comprender la inmensa obra que Dios ha hecho por mí y en mí.

Pero siempre habrá un mañana mejor cuando buscamos a Dios de todo corazón y hoy puede ser el día en que a través de la verdadera oración, y por medio de la acción maravillosa del Espíritu Santo, puedas descubrir cual es tu identidad en Cristo Jesús, y así puedas llenar tu mente con las verdades de la Santa Palabra de Dios, que transformarán tu vida en otra mejor, en la del hombre nuevo nacido del agua y del Espíritu de Dios. (Cfr. Juan 3, 3-7).

 

 Novedades | Como Colaborar | Envíenos un mail |
 Web Diseñada para 1024 X 768 - Diciembre de 2005