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La semana pasada, durante el seminario de
sanación interior. Tuve una fuerte revelación de una raíz de dolor en mi
vida.
Muchas veces, cuando alguien tocaba mi cara ya
fuera en forma de caricia o de juego, pasándome rápido la mano por el
rostro, de forma abrupta. mi primera reacción era enojarme, forcejar y
muchas veces hasta traía problemas..
He tenido discusiones muy fuertes por ese simple
motivo. Que no lograba racionalizar.
Ni siquiera podía ir al dermatólogo o a la
cosmetóloga porque resultaba ser un padecimiento, me tensionaba
demasiado.
Durante la oración, veía el momento en el que
nacía sentía fuerte y grande una mano que me tomaba de la cabeza y me
hacia girar varias veces, veía como yo intentaba sacármela la mano de la
cara y no lo lograba.
En un momento sentí, que me ahogaba que no podía
respirar...también vi a Jesús en ese momento...en ese preciso instante
de mi nacimiento. Quizás suene loco, no me importa. yo se que El estuvo
ahí.
Al verlo me inundo una paz tan grande, tan
inmensa que descanse en el y deje de resistirme a eso que estaba
aconteciendo.
En estos días al hablar con mi mama me confirmo
que en el momento del parto se había complicado todo y que tenía tres
vueltas de cordón en el cuello, que casi muero asfixiada y que habían
utilizado fórceps. para ayudarla a dar a luz, y que en el último momento
el doctor había tomado la decisión de colocar su mano y hacerme girar
para desenrollar el cordón de mi cuello, que aun así tuvieron que
reanimarme unos diez minutos con respiración boca a boca.
mi mama dijo que si no hubiera estado la mano de
Dios allí, no hubiera vivido, porque estaba morada.
Y que durante mucho tiempo siendo bebé, al
dormir empujaba con mis manos mi cara, y todo lo que se me acercara a
ella.
¿Que mas puedo decir?
Se que me sano, ya fui al dermatólogo y no sentí
presión, y también estuvieron provocándome ja ja Ja pero no reaccione
mal. Ni siquiera me molesto.
Solo, que Dios puede revelar todo lo que está
oculto, todo lo secreto, todo lo que nos enferma porque el quiere vernos
sanos y felices.
¡Toda la gloria es para el que vive!
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